domingo, 5 de marzo de 2023
Luis Cuenca: actor multidisciplinar
LUIS CUENCA ACTOR MULTIDISCIPLINAR
Luis Cuenca, actor de revista, teatro y uno de los grandes intérpretes de reparto del cine español, murió en una clínica madrileña el 21 de enero de 2004 a los 82 años. Había nacido el 6 de diciembre de 1921. La causa: insuficiencia pulmonar.
Uno recuerda, en efecto, su voz como una de sus principales características. También su gesto, versátil y chaplinesco, con esa seriedad dramática que se ve en los ojos de los niños, también en los ojos de los supervivientes que se ríen, lo primero, hasta de sí mismos.
Poco antes de su muerte tuve el honor de encontrármelo en la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) con ocasión de unos premios (creo que "José María Forqué") al cine español, y estaba guapísimo entonces en la sala aquella del cisne que se expande, hecho un galán, por lo que me asombró su muerte a los pocos meses.
Recuerdo su bigote negrísimo y su extrema delgadez en aquella ocasión (siempre había sido delgado pero entonces más), su elegancia de estrella de larga trayectoria sólo recientemente al alcance del gran público gracias al cine y, sobre todo, gracias a la televisión. Parecía que tenía por delante toda una vida, por el empaque, el saber hacer y el entusiasmo que ponía en todo, aunque seguramente "él ya sabía lo suyo". Mayor mérito, como también queda dicho de Alberto Closas en estas mismas páginas.
Antes había sido, durante muchos años (40 me dicen los que le conocieron bien ¡y con compañía propia!) la estrella indiscutible del Paralelo barcelonés, entorno en el que reinó desde el Teatro Apolo ("Ven al Paralelo" se titulaba el espectáculo de variedades) con un género tan genuinamente español y que tantas glorias dio a la escena patria como la Revista, al lado de otros indiscutibles como Pedro Peña y Tania Doris.
Muchos años después se recreará este espectáculo para la televisión, como homenaje a aquellos actores pioneros, de la mano de Sara Montiel. Hay grandes nombres de hoy que, aunque jóvenes, le deben su fama y sus inicios en el género a Ven al Paralelo.
A Luis Cuenca lo veríamos también en La Latina, por fin en Madrid, con el espectáculo de variedades titulado "La blanca doble", de la mano de Tony Leblanc.
Tuvo dos hijos, uno que se mueve por todo el mundo como pianista, y otro veterinario, que vive en Alcorcón. Tal vez por esta circunstancia, últimamente se le viera más a menudo en Madrid que en Barcelona, ciudad en la que pasó más de media vida y sobre todo, ciudad en la que se hizo como artista de variedades. Y como artista total, que luego veremos.
Había nacido Luis Cuenca García en Navalmoral de la Mata (Cáceres) el 6 de diciembre de 1921 en una familia de actores, por lo cual su vinculación con el teatro ha sido desde el mismo día de su nacimiento. Su debut, como corresponde, ocurrió por casualidad en el momento en que se necesitó un niño en el escenario, ya que sus padres, la actriz Carmen García Carrasco y el actor Eduardo Cuenca, formaban parte de una compañía de teatro con la que recorrían todo el Estado Español, la compañía Carrasco, propiedad de sus abuelos.
Hijo y nieto de cómicos, desde pequeño hizo Luis Cuenca absolutamente de todo sobre un escenario con la mayor naturalidad: Bailar claqué, interpretar comedia, drama, revista... Al comentar esta su circunstancia personal que lo hizo ser actor desde niño, dice el propio Luis Cuenca: "Yo no tenía vocación, yo tenía ganas". Como Gades, como tantos otros que mamaron el arte, la vocación, o el pensar en ella, les vendría más tarde. Entonces no se pensaba, no había tiempo.
Por eso, como la cosa más natural del mundo después de ese aprendizaje, entrará a trabajar, ya en la década de los 50, como actor de la empresa de Matías Colsada, a la que estará ligado durante 40 años, convirtiéndose en la estrella indiscutible del Paralelo barcelonés como ya quedó dicho.
En el cine, debutó como extra en la película Eugenia de Montijo (1944), de José López Rubio. Ya durante sus años de esplendor en los escenarios, Cuenca interviene en películas como la comedia musical Quiéreme con música, y Las travesuras de Morucha, ambas dirigidas por Ignacio F. Iquino; después vendría ¿Pena de Muerte?, de José María Forn; Toto de Arabia y Perras callejeras, bajo las órdenes de José Antonio de la Loma; Las Alegres Chicas de Colsada, film que sirve de homenaje a la revista popular española durante sus años dorados, dirigida por Rafael Gil y con guión de Fernando Vizcaíno Casas.
En los últimos años, Cuenca es reclamado de nuevo para participar en películas como Suspiros de España (y Portugal), de José Luis García Sánchez; Cachito, de Enrique Urbizu; Grandes Ocasiones, de Felipe Vega; las taquilleras Airbag y Torrente, el brazo tonto de la Ley, de Juanma Bajo Ulloa y Santiago Segura, respectivamente; y La hora de los valientes, de Antonio Mercero.
Más recientemente ha actuado en Soldados de Salamina, de David Trueba; Mátame mucho, de Angel Bohollo, y en Vivancos 3, de Albert Sauger. En los dos últimos años, ha trabajado también en El furgón, de Benito Rabal; Dos tipos duros, de Juan Martínez Moreno; iBuen viaje, excelencia!, de Albert Boadella.
En la televisión, ha trabajado en series como Farmacia de Guardia, Ketty no para, Ellas son así, así como en la miniserie Camino de Santiago, una coproducción internacional dirigida por Robert Young.
Premios: En 1997 gana el Goya al Mejor Actor de Reparto por su trabajo en La buena vida, ópera prima de David Trueba, con quien trabajará en Obra maestra (2000). Con este último trabajo consigue una nominación a los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.
En el 2001 obtiene el Premio de la Unión de Actores en el apartado de Mejor Actor de Reparto por su trabajo en Cuéntame cómo pasó, donde interpretaba a Federico.
Luis Cuenca estaba satisfecho, tanto de su vida como de su trayectoria artística: "Mi vida ha sido una cuestión de suerte; siempre me he encontrado con la persona oportuna en el momento oportuno. En el teatro con Colsada, en el cine con David Trueba y en la tele con Mercero".
Nota: Esta biografía de Luis Cuenca es deudora de la web Teatralnet, además de las aportaciones de su sobrino Eduardo García.
Anunciación Fernández Antón María Anunciación Fernández Antón
José Sacristán
JOSÉ SACRISTÁN: EL ÚLTIMO CÓMICO DE LA LEGUA
Hablo ahora de él porque para mí, dramatúrgicamente hablando, José Sacristán, con su actuación en Almacenados, significa la joya del otoño 2005 en Madrid, a pesar del inmenso esfuerzo que me supone abarcar toda su obra cuando lo acabo de tener tan cerca. Cuando estoy todavía bajo su influjo:
José Sacristán nació en Chinchón (Madrid) e inició su carrera teatral en 1962. Pertenece por su oficio a una estirpe de cómicos ya casi extinguida y de la que tal vez sea el último representante. Uno de los últimos podemos decir. Nombres ilustres de la escena española como Pepe Isbert, Juan Antonio Riquelme, Fernando Morán, y el mismo Fernando Fernán Gómez, fueron sus maestros en el arte de representar. De la misma manera que Manuel Aleixandre, Agustín González y Adolfo Marsillach fueron, además de maestros, sus compañeros de oficio, como él reconoce.
Tan consolidada es su carrera artística que se puede afirmar de José Sacristán que sus papeles estelares, allí donde roza la perfección, son aquellos en que se representa a sí mismo. Tal sucede en la última obra de teatro que podemos disfrutar en estos días (1), Almacenados, de David Desola, en el Teatro Fígaro, donde el personaje que representa Sacristán no es otro que él mismo, salvadas, claro está, las diferentes circunstancias profesionales y vitales, pero en todo lo demás, clavados: los mismos gruñidos (malhumorados o tiernos), la misma actitud corporal (cabreada e indefensa a la vez), y me pregunto cuánto le habrá costado a Sacristán conseguir esa maravillosa naturalidad, que tan fácil nos parece, de representarse a sí mismo.
Recuerda con especial pasión, ahora que vuelve al Fígaro, cómo en el año 1972 hubo de trasladarse aquí desde el Teatro Benavente para seguir con el éxito de Balada de los tres inocentes, de Pedro Mario Herrero, que se vio desbordado más allá de las previsiones de la empresa y por eso hubo de buscar otra sala.
Poco después de iniciar su carrera teatral, arrancaría también la cinematográfica, en 1965, y demás se ha dirigido a sí mismo y a otros en varias películas, con lo que también es director.
Sus inicios en el cine lo fueron en la comedia de género, que tenía fuerte demanda por aquel entonces en el mercado español (se hacían 200 películas al año), gracias en parte a unos productores heroicos que se lanzaban a la piscina sin miedo -y hasta sin agua-, sin subvenciones y con la censura apuntando cual espada de Damocles.
Pero el miedo agudiza el ingenio y de ahí que un género que satirizaba los usos y costumbres españoles, amén de poner en solfa los mitos consagrados como el del macho ibérico, daba cabida al ansiado destape y se nutría del turismo nórdico, la libertad sexual y otras "asignaturas pendientes".
Género que más tarde caería, ya con la modernidad conquistada y todas las asignaturas aprobadas, en el desprestigio y que hoy se rescata del olvido gracias a las televisiones con programas como "Cine de barrio", en la primera cadena, al que pronto seguirían otros en los nuevos canales. Y a un público que, libre de complejos, se ha dado cuenta de los valores de aquellos trabajos enormes y de aquellas gentes pioneras.
De aquella época recuerda Sacristán con especial cariño a Alfredo Landa, actor al que también se había unido indisolublemente a una vis cómica y que dio sus frutos como talento dramático cuando tuvo ocasión. Y a José Sazatornil, compañero además de teatro. Y a tantos otros, pues su filmografía no tiene fin como veremos más abajo.
Sin embargo, allá en sus orígenes más remotos, antes de empezar a ser conocido por el gran público, en la vida de Sacristán está el teatro. Sólo que, como ocurre con tantos actores, sean de la generación que sean, la contratación impone sus reglas y muy tempranamente se decanta por el cine y la televisión, si bien, cuando vuelven a pisar las tablas, lo hace con ganas.
En el caso de José Sacristán, y escribo estas líneas bajo el influjo de las palabras que acabo de oírle con motivo de la rueda de prensa para presentar "Almacenados", mejor oírle a él:
-Es un gusto -dijo- poder elegir después de 40 años de ganarse el pan (y algo más para untar con el pan), poder elegir, digo, lo que uno quiere, para dedicarse por completo a una obra sólo por el placer de hacer lo que te gusta. Y es una gozada, cuando todos se quejan del síndrome postvacacional, que yo no sé lo que es, tener un oficio en que estás deseando volver al trabajo. Porque para nosotros la verdadera tragedia postvacacional es no trabajar".
Parece evidente que lo de actuar ante un público es un lujo que a veces se compagina con otros trabajos y que sólo en el caso de unos pocos privilegiados se puede hacer con dedicación exclusiva.
A Sacristán lo hemos visto recientemente (20 años no es nada) en Las guerras de nuestros antepasados, de Delibes, estrenada en 1990 en el Teatro Bellas Artes. Más tarde vimos a Manuel Galiana en el mismo papel, también magistral (qué suerte ha tenido esta obra con los intérpretes), porque Sacristán había dejado el listón muy alto y era dificilísimo no pensar en él a cada paso viendo a Primitivo Pérez o como se llame el loco aquel inolvidable. También tocó y profundizó el mundo tétrico de Strindberg en Danza macabra, sin desdeñar autores españoles totalmente distintos como Arniches (Anacleto se divorcia ó ¡Que viene mi marido!), en el teatro La Latina de Madrid.
Cuando se puso a cantar, que también tiene la carrera de canto, hizo un Caballero Don Quijote extraordinario con su voz de barítono en el musical El hombre de La Mancha, junto a Paloma San Basilio. Fue por entonces cuando la Gran Vía empezó a parecer Broadway, por la fiebre de los musicales que iniciaron ellos y luego siguieron otros para aprovechar el tirón que sigue hasta hoy. También probó su voz en un montaje sobre Mozart, Amadeus, que cosechó un gran éxito.
A mí me gustó Sacristán sobre todas las cosas cuando hizo Flor de otoño, de José María Rodríguez Méndez, para el cine, papel que bordó como nadie y que ahora que la obra se ha vuelto a hacer en teatro, se vuelve inolvidable en su papel, pesa y gravita sobre la función, pero me divertí muchísimo con Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?, de Marsillach, al lado de Concha Velasco como partenaire. Ésta también en cine, pero después se la he visto hacer a otros en las tablas y para mí no hay parangón.
Haciendo de argentino Sacristán está de escacharrarse, y eso hizo que por entonces yo le perdonara la cara de acelga, y de antipático en una palabra, que a mí se me hacía que tenía para todo lo que no fuera él mismo. Hasta el otro día.
Que el ego lo tiene, nadie lo duda, narices, ¡que es un actor!, pero justo por eso son una gozada las ruedas de prensa con él, porque es un tío que habla de sí mismo y sólo de sí mismo, como debe ser. De lo que le concierne y punto. Serio y como medio cabreao, sin eufemismos ni rodeos (mucho menos con repeticiones), que es como hablan los hombres. Cada palabra suya pesa un kilate y no hay vuelta atrás. ¿A qué repetir?
En cuanto a sus incuestionables méritos como actor y director de cine, podemos afirmar que se consagró gracias al éxito de Vida conyugal sana (R. Bodegas, 1973) y se convirtió en uno de los actores más importantes de su generación, interviniendo en películas como Asignatura pendiente (José Luis Garci, 1976), la ya citada Un hombre llamado Flor de Otoño (Pedro Olea, 1977), Solos en la madrugada (José Luis Garci, 1977), Operación Ogro (G. Pontecorvo, 1979), La colmena (Mario Camus, 1982), Epílogo (Gonzalo Suárez, 1984), La noche más hermosa (Manuel Gutiérrez Aragón, 1984), La vaquilla (Luis García Berlanga, 1985), El vuelo de la paloma (José Luis García Sánchez, 1988), Un lugar en el mundo (Adolfo Aristarain, 1992), El pájaro de la felicidad (Pilar Miró, 1993), Madregilda (F. Regueiro, 1993), Adán y Eva (J. Leitao, 1995) y Pasiones rotas (N. Hamm, 1998).
En cuanto a la televisión, ha intervenido en las series ¿Quién da la vez? (1995) y Éste es mi barrio (1996). Ha dirigido e interpretado Soldados de plomo (1983), Cara de acelga (1987) y Yo me bajo en la próxima, ¿y usted? (1992), ya comentada.
(1) Para situar lo que se cita como actualidad se debe tener en cuenta la fecha de redacción de este trabajo: octubre de 2005
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Pilar Miró
PILAR MIRÓ: NADIE ME ENSEÑÓ A VIVIR
No era una actriz, aunque alguna vez se puso ante las cámaras, sino una directora de cine y de teatro, aunque en éste pocas veces obtuviera el éxito anhelado. Ironías del destino, su mayor éxito teatral fue una película y su mayor éxito cinematográfico, la filmación de una boda. Pero el personaje interesa por muchas otras vertientes (políticas, laborales, afectivas) y ya en sí mismo es una obra dramática que lleva el sello de toda una época (la España de la transición democrática), y ello no sólo en cuanto al cine y al teatro se refiere sino también en cuanto toca a la televisión, que entonces empezaba, y en todo lo referente a la vida misma, en su diario discurrir, de alguien que intentaba abrirse camino con los dientes. Por eso tiene sentido sacarla en esta sección donde llamamos ¡A ESCENA! a los más grandes que por ella han pasado.
La vida de Pilar Miró que ha escrito Diego Galán (Nadie me enseñó a vivir, Plaza y Janés) es un verdadero thriller. Así se lee y así debió de ser, tanto en el arte y en el trabajo como en el amor y en la amistad, no es de extrañar que su corazón estallara en múltiples ocasiones antes de pararse definitivamente agotado. Siempre necesitaba empezar algo nuevo, nunca estaba satisfecha con una sola cosa entre las manos: Si lo anterior había sido un fracaso, para olvidarlo; y si por el contrario había sido un éxito, para no dormirse en los laureles y aprovechar el tirón. Y no hacía esto por ambición, es que ella necesitaba proponerse nuevos retos a cada paso como en una apasionante y apasionada huida hacia adelante.
En el amor era lo mismo: Nadie que despertara en ella una chispa dejaba que pasara de largo y pocos, muy pocos, se le resistieron. Siempre necesitaba amor y por otra parte, no podía detenerse en nada ni en nadie, se quejaba de la cobardía de los hombres que, amándola, no se decidían, pero lo cierto es que ella era muy exigente en lo personal y en lo laboral, tenía que mantener vivo y activo su débil y quebradizo corazón. Que no se le ocurriera detenerse, pues siempre había amigos y enemigos a los que atender con amor o con odio, con gratitud o con venganza.
¡Qué mujer esta que llegó a ser llamada John Ford con faldas! Para ella todo era una película o una obra de teatro, valga como ejemplo el episodio de la cena con Gabo (García Márquez) durante la cual, temiendo Pilar que se aburriera, obligó al resto de los comensales a rotar a su lado sin que él entendiera a qué se debía aquel baile de cubiertos que nunca se detenía más de 10 minutos.
De niña, era tan mala como Ana Torrent en Cría cuervos, de Antonio Saura, a quien también admiró y con quien polemizó, así como con Marsillach, por poner un ejemplo teatral de gente que se admira y se ama pero que por incompatibilidad de caracteres, no pueden seguir trabajando juntos. ¿Verdad que es todo muy teatral? Pues así era en carne viva (nunca mejor, ya que se la jugaba en cada lance) según el libro que tengo entre manos y que no me canso de releer, qué pena no haberla conocido en persona.
La muerte, sin embargo, la sorprendió a solas, en su propia casa, en un descansillo de la escalera que en aquel momento descendía, y aunque había gente en casa (su hijo Gonzalo trató de reanimarla por todos los medios cuando la encontró caída), ya no volvió en sí. Tenía 59 años y había dirigido decenas de películas, documentales, teatro... Y había sido, en fin, directora general de Cinematografía y directora del ente público de RTVE, cargos que había aceptado por compromiso político con los chicos del PSOE y que le trajeron más disgustos que cualquier obra dramática, no sabía en qué se metía la muy ingenua. O la muy vanidosa, depende.
Las relaciones de Pilar Miró con el teatro fueron también de todo menos tranquilas: A instancias de José Antonio Campos, dirigió ópera para el Teatro de la Zarzuela (Carmen, a quien ella dio un vuelco con un nuevo giro escenográfico, pero que se estrenó con gran estruendo de fracaso, después del escándalo de El Crimen de Cuenca que todavía coleaba pues le había valido un juicio ante un tribunal militar, con innovaciones que el público conservador de los abonos no le perdonó, por lo que fue insultada con verdadera crueldad la misma noche del estreno y aún después), comedia (sobre todo las de Lope de Vega, que le parecían un prodigio de actualidad: El anzuelo de Fenisa, por ejemplo, que representaba, de hecho, su ideal de mujer que ella era incapaz de incorporar en su vida práctica: la mujer que vende humo a los hombres y se queda con todo lo que ellos tienen dejándolos desplumados y burlados) y, sobre todas ellas, llamaba su atención La verdad sospechosa, de Ruiz de Alarcón, que dirigió por la época en que ella misma no era creída por los jueces por más que dijera la verdad sobre la compra de trapos. De ahí que le cautivara la frase desesperada de Don García en la obra de Alarcón: "¿Es posible que diciendo la verdad nadie me crea?"; también dirigió Estudio 1 (Como las secas cañas del camino, de Martín Recuerda, muy polémica por unas frases que ofendían a los de Murcia), la ópera Sigfredo en Estalingrado, que no triunfó, y la que triunfaba en Nueva York y Londres, Hijos de un dios menor, de Mrak Medoff, que tampoco obtuvo el éxito que las expectativas levantaban y que ella esperaba con tanta fuerza. Se trataba de un texto difícil en que un profesor (Emilio Gutiérrez Caba) se empeñaba en hacer hablar a una sordomuda. El propio actor abandonó el proyecto ante las dificultades de todo tipo y por la inflexibilidad de la directora quien, no obstante, no dudó en llamarlo más tarde para otros papeles.
Por todo lo cual, irónicamente, hacia el final de su vida comentaba: "Es extraño que mi mayor éxito teatral sea una película y que mi mejor película sea el reportaje de una boda real." Se refería a El perro del hortelano, de Lope de Vega, que arrasó en las taquillas con Carmelo Gómez y Enma Suárez, y a la boda de la Infanta Elena. Después vendría la de la infanta Cristina, en Barcelona, otro éxito para cuya dirección fue elegida por el mismo Rey, a quien había conocido en la Facultad de Derecho y cuyos discursos de fin de año también había dirigido de modo exigente, algo con lo que el monarca estaba encantado. Curiosamente, su primer trabajo en TVE lo consiguió gracias a una influencia de Blas Piñar, todo es curioso y divertidísimo en un libro que no tiene desperdicio y que como digo, se lee como un thriller. Efectivamente por solicitud del Rey Juan Carlos, había dirigido las transmisiones de las bodas de sus dos hijas, una desde Sevilla y otra desde Barcelona, y en ambas ocasiones fue felicitada por ello. En ambas, el éxito obtenido fue mundial, pues las vieron más de 900 millones de personas en cada ocasión.
Pero nadie que la haya visto olvidará nunca El crimen de Cuenca, ni Gary Cooper, que estás en los cielos, por ejemplo. Y en esto sí logró, en verdad, su sueño. Porque ella lo único que quería en realidad "era ser la chica que va a la grupa del caballo de Gary Cooper". Un Gary Cooper defensor y salvador que ella encontró en la figura de sus abogados.
En resumen, que después de ver todas las contradicciones del personaje, uno se queda admirado de la mujer tan enorme y tan auténticamente genial que fue. Y siente el orgullo de poder escribir algo sobre ella, aunque sean sólo unas líneas como éstas.
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Quique Camoiras
QUIQUE CAMOIRAS: UN CHICO DE LA CRUZ ROJA
Me pareció oportuno titular con "Un chico de la Cruz Roja" esta semblanza porque Quique Camoiras, el actor que hoy, 18 de abril de 2007, a las 11'30 de la mañana, anuncia en rueda de prensa celebrada en el Teatro Príncipe de Madrid, su retirada, está muy ligado de siempre a esta institución y tiene entre sus títulos y distinciones honoríficas, la Medalla de la Cruz Roja Española, ganada por sus muchos trabajos en este sentido, colaborando en funciones benéficas en teatros, en hospitales y allí donde fuera requerido. Un chico de La Cruz Roja, por tanto, aunque él matiza en seguida, y al quite de la ocurrencia mía, allí presente en la rueda, que "el que hizo la película fue mi hermano Paco, no yo. Y menuda suerte tiene el tío, que todavía cobra derechos. Cada año, el Día de la Cruz Roja, se planta la peluca, se echa a la calle y a cobrar."
O sea, que en la familia son varios los dedicados al arte de hacer reír.
Esto de la familia es tan sagrado para Quique Camoiras, que por eso se retira, para poder dispensar a sus nietos las atenciones que, dice, no pudo dispensar a sus hijos a fuerza de tener que trabajar para mantenerlos: "Aquello sí eran trabajos. Seis meses fuera de casa, de tournée, sin ver a los hijos, cada año lo mismo. Cuando ellos tenían vacaciones, me los llevaba conmigo, pero empezaba el colegio y vuelta a no verlos, no quiero que me pase lo mismo con los nietos. De mi nieta, sobre todo, quiero disfrutar viéndola crecer y que ella me vea a mí."
Además, Quique Camoiras no queda, digamos, desprovisto al dejar de actuar, como quedaría de ser un jubilado cualquiera, que es lo que en realidad está deseando ser, pero no puede: Él es empresario y, como trabajador inquieto que siempre fue, se ha especializado en compatibilizar oficios varios, por si la suerte se ponía de espaldas.
"Trabajé en el Teatro Español con Aurora Bautista (haciendo Calderón de la Barca) y compatibilizándolo con un show en Pasapoga. No era correcto políticamente hacer esto, hasta que dijeron: ¿Por qué no? En El Español hice también "El avaro", de Molière, con grandísimo éxito de crítica y público, a dos funciones diarias todos los días. Todos los días, ¿eh?"
De hecho, la enumeración de sus trabajos y sus años como actor asombra: "Estuve 12 años seguidos en el Teatro de La Latina, temporadas de 8 y 10 meses; luego 9 más en el Cómico (ahora un supermercado, en Delicias) cuenta el que todavía hoy rebosa vitalidad."
Y ya puestos a recordar: ¿Quién no recuerda al renombrado DON ARMANDO GRESCA? Pues era Quique Camoiras.
Así que, para trabajos, mejor hablar de los de antes: "Es que ahora -se explica Quique Camoiras- yo me quedo "asombrao". Que empiezas a las 8 y a las 10 y media ya estás en tu casa, si me dicen a mí que esto iba a llegar, cuando lo de librar un día costó sangre y lágrimas a algunos... Hicimos una plantada para conseguir un día libre, uno a la semana, siguiendo con las dos funciones diarias, y muchos no la apoyaron porque decían que eso era imposible, si es que yo durante años no paré ni un día. Así que ahora me parece que esto es como estar de vacaciones. Dos funciones diarias hacía yo, más ensayos, y encima a las 8 de la mañana, ¡a trabajar a mi oficina del Ministerio!, que yo he sido funcionario toda mi vida, compatibilizándolo, claro está, con lo de actor."
Es evidente que este hombre es una mina. ¿Cuándo dormía? Y todo por la familia. Sí. Para que no tuvieran que pasar las penalidades que él pasó.
Pero el público para un cómico es lo primero, y por eso Quique Camoiras se despide con una obra que haga reír de una manera inolvidable: Y ESTE HIJO... ¿DE QUIÉN ES?, de Adrián Ortega, porque dice: "Quiero que me recuerden como actor y sobre un escenario. Mi último homenaje lo quiero sobre las tablas".
En la mesa que preside para anunciar su despedida, lo rodean los compañeros de reparto, uno de ellos es Vicky Lusson, hija de su eterno compañero de tantas escenas cómicas Alfonso Lusson.● Se llena de nostalgias hablando de los años sobre las tablas y de los actores y directores que había entonces: Lina Morgan entre los primeros, Muñoz Román y Colsada entre los segundos:
-No he visto hombre más activo y polifacético en toda mi vida-, dice uno de sus acompañantes en la mesa, Alberto Agudín.
-Porque no conociste a Muñoz Román -contesta rápido Quique Camoiras-. Aquello ya eran eran directores. Ni a Colsada, que tuvo 13 compañías a la vez y que abarcaba todos los géneros. 13 compañías, se dice bien y pronto, cuando los Paso tenían, el que más, 3. ¡Pero es que 13! Se dice pronto, no ha habido igual. A ése tampoco se le ha hecho justicia, mira. Ni a Muñoz Román. Que ése sí que era ensayar, que había noches que nos daban las 4 ensayando, porque ése era de los que como dijera que la botella tenía que estar aquí, y medio llena, pongo por caso, que no se la tocara nadie. Y quien dice la botella, lo que fuera. Él lo quería todo perfecto, y en lo que no lo lograba, no nos dejaba descansar. Así llegaba yo al Ministerio, roto, y me dormía en el guardarropa, una cabezadita encima de las chaquetas. Se llevaba entonces chaqueta, para no desgastar los codos de la de uno, la buena, y cada cual tenía la suya. Así que llegaban, ya les oía yo decir en sueños: "Ya me han cogido la chaqueta". Y yo, sin decir ni mu, planchando la oreja en las chaquetitas hasta que llegaba el jefe de negociado.
-Él es igual de perfeccionista que Muñoz Román -sentencia otro de los actores que van a acompañarlo en la obra, José Luis Gago. Nos reímos y él, entusiasmado a la vez que preocupado, sigue:
-Y quiero pediros perdón por eso. Soy demasiado exigente. (Todos protestan y con razón, cuando es de agradecer el que te corrijan, sobre todo si lo hace un maestro). Para un actor, actuar no es trabajo, es vocación. A mí no me gusta hablar de trabajo. Yo subo al escenario a pasarlo yo bien y a hacerlo pasar bien. Si no, para otra cosa no salgo.
Sobre las motivaciones de la obra que ha elegido para su despedida de los ruedos (perdón, de las tablas), dice:
-Escogí esta obra porque me gustó al considerarla afín a mi temperamento artístico. Ahora bien, yo la he adaptado de tal manera que, si el autor levantara la cabeza, no la reconocería.
VAMOS CON LOS DATOS MÁS CONOCIDOS DE LA BIOGRAFÍA DE ESTE GENIO, QUE ES LA DE DE LA REVISTA Y LOS ESPECTÁCULOS DE VARIEDADES DE NUESTRO SIGLO XX
Nace Quique Camoiras en Madrid, de una familia modesta (tal vez ahí le venga esa afición al trabajo, inagotable) y desde pequeño destaca por sus actitudes para las artes. Con su hermano forma pareja de lo que se llamaba por entonces "clownws musicales": Hacían de bomberos toreros, por ejemplo, en las plazas de toros y en el circo. Creo que así comenzó también alguna de las grandes figuras del toreo, como Espartaco, haciendo de payaso torero por las plazas, actuando en un show burlesco siendo aún niño, lo que más tarde le permitiría tener su oportunidad en los ruedos (Digo esto aquí por si nunca tengo oportunidad de decirlo en un periódico taurino, y por que los lectores se hagan una idea de cómo debía de ser un show de éstos).
Aprende a bailar claqué, también hace la carrera de piano... Y sin dejar de trabajar con su hermano Paco, pasa a llamarse "El gran Quiqui" en el tiempo glorioso de los espectáculos de Variedades. Compatibiliza su trabajo con el de funcionario hasta que un día da el gran paso: dedicarse en cuerpo y alma a hacer reír al público.
En los años 50 el espectáculo era la Revista. Ahí trabajó como galán cómico aprovechando su juventud y su gracia para "pasar la batería". Muñoz Román, empresario de leyenda de la Revista, le hizo triunfar en el Teatro Martín.
En 1955 conoce a Adrián Ortega padre y comienza a trabajar con él en la revista "Mujeres odiosas", donde también trabajaba Lina Morgan. El invento se prolongó 3 años y a esa revista siguió otra, hasta que el maestro Cabrera, gran autor, compositor y empresario, le ofreció ser el primer actor de su Compañía de Revistas. Poco después apareció en su vida Matías Colsada, el más importante empresario de revistas del siglo XX. Con él estuvo como primer actor y director casi 14 años, siendo el titular del Teatro La Latina 12 años consecutivos.
En el año 80 pasó a trabajar en el género que más le gustaba, la Comedia. Antes de fundar su propia compañía Comedias Cómicas, trabajó en el Español, como queda dicho más arriba.
En el 82 debuta en el Teatro Cómico, hoy desaparecido, y en él estuvo, excepto 18 meses en el Teatro Fuencarral, hasta 1991: Don Armando Gresca, Ponte el bigote, Manolo, El tonto es un sabio, Qué solo me dejas... son títulos representativos que todavía resuenan como éxitos.
Todo esto, que hoy puede parecer un milagro, no evitó que también hiciera una treintena de películas: La corte del faraón (Concha de plata en San Sebastián), Tú estás loco, Briones, Juana la Loca de vez en cuando.
En salas de fiestas, como el desaparecido Lido, o Pasapoga, compatibilizó su trabajo con el teatro. Montones de programas de televisión. Series para la primera como La Revista; o Los Poyatos, para tele 5. En total, más 40 revistas, 12 comedias, giras por toda España. Calcula que más de 10 millones de personas lo han visto.
●Sobre el párrafo anterior, con fecha 4-1-2020, nos escribe Victoria Lusson Caballero y nos dice:
Escribo para corregir un error que para mi persona es bastante importante, en el artículo de Quique Camoiras en el apartado " A escena".
Cuando habla de sus compañeros de esa última función en la que el maestro se despidió... se hace una mención a una de ellos... Vicky Lusson. Pues bien, se refiere a mí. Soy yo.
Y NO soy la hija del cómico Alfonso Lusson, sino de la actriz y supervedette Viky Lusson, con la que Quique hizo pareja artística de revista durante 12 años.
Alfonso (mi tío), no pinta nada en la vida de Quique Camoiras. Y desde luego, no es mi padre. No entiendo de donde se sacó esa información... Supongo de la inventiva personal.
No sé si será posible pero me encantaría y agradecería mucho que se corrigiera ese dato. Sobre todo por mi madre. Gracias. Un saludo.
Con mucho gusto corregimos el error cometido y pedimos nos disculpe.
Anunciación Fernández Antón María Anunciación Fernández Antón
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Paco Algora
PACO ALGORA
Uno de mis descubrimientos del FIT 08, amén de la tumba de Camarón que descubrí en una de mis personales navegaciones por aquellas mañanas de encerrona en medio de la laguna salada que son Las Marismas de San Fernando, fue el actor y personaje Paco Algora, que ambas categorías reúne en sí y por sí mismo, tal vez por lo bien que ha asimilado los muchos y monumentales papeles que ha desempeñado sobre las tablas o ante las cámaras a lo largo de su carrera, que para un actor es como decir "su vida". Por supuesto que lo conocía muy bien del cine (La colmena, de Camus, Tiovivo, de Garci) y sobre todo del teatro (Romance de Lobos, Luces de Bohemia) y que había charlado alguna vez con él en Madrid, pero siempre de pasada, un actor que ahora escribe libros, qué extravagancia, y que los vende al que se deje, en fin, para salir corriendo. No imaginaba yo el pedazo de persona ante el que me encontraba. Una persona que, cabreada y todo hasta la médula, se te hace presente de una manera tan amena y divertida, que sólo su intensa preparación clásica y sus largas y obstinadas peleas sobre las tablas pueden lograr. A esta vida se unen una cara y una voz que se te hacen ya inolvidables. Unforgetable Paco, el rato que nos hiciste pasar aquella aburrida mañana del FIT.
Día 18. Amanece con lluvia, pero luego levanta. Tengo la mañana errante, aquí dentro veo pasar las horas sin salir más que al centro comercial (claro, he venido a Cádiz a comprar), veo los foros desde la puerta del salón Bahía 4, así llamado, donde se celebran los eventos FIT, asomo la jeta pero ni entro: estoy como si acabara de oírlos a todos. Soy la única que falto en las listas de las teatrólogas moderadoras de foros, se ve que no tengo ningún conocido en la confección de las mismas, lo que me llena de agradecimiento casi hasta las lágrimas.
Me interesó, y no me decepcionó al final de la mañana, la lección magistral de Paco Algora. Nos leyó un extracto de sus versos, versos bruñidos y radiantes que muy pronto verán la luz, y que ahora están en folios que él alza y abandera, su autor, como un cruzado mágico del cabreo unamuniano y salmantino: escribir en España es llorar, dicen que dijo Larra o cualquiera de ellos, con el cabreo muy bien ganado desde su casi retiro de Jerez.
El libro se titulará, si no le disuado a tiempo, Romance de locos. Yo, por su condición de octosilábico y por el contenido, lo titularía así: Romance de ciegos que, además, son locos, y va sobre qué (c...) ha pasado con el teatro en España en las últimas décadas, que es para llorar, de ahí el título, tan valleinclaniano, que de esto Paco sabe mucho: los antes perseguidos por el sistema, fundadores de teatros alternativos y el que tenga oídos para oír que oiga, son los que ahora, desde sus puestos de poder, desde sus nombramientos de patacón y tente tieso, excluyen al que se niega a someterse. Lobos -lobitos- de la corrección política, que han descubierto a última hora qué es lo que les va, que es el poder: hacer y deshacer a su antojo manejando sin piedad vidas y haciendas.
Y lo que les ha vuelto locos es la pasta, de modo que el que antes era un compañero de fatigas, no te pone en la función que dirige con dinero público porque "ahora tenemos que ser todos ateos por narices" y no consiente que tú te empeñes en que se respete un verso del clásico en que no lo seamos. Narra Paco Algora cómo en Voces de Gesta se corta la conversión del rey, fundamental en la obra, que Paco recita entera en todo lo que le falta, y es posible que para siempre: El amor, el dolor, el arrepentimiento, eso hay que quitarlo todo, fuera, que sólo quede la "oscura sombra". Negra sombra tienes tú, canalla. "Y el alma, ¡fuera! Fuera el alma", eso es de beatas y aquí todos somos muy laicos. Lo mismo se hace con La Gaviota, de Chéjov, donde se elimina toda idea de sufrimiento asumido como valor para forjarse uno mismo frente a...: "La vocación, eso es de monjas, y el dolor, la cruz de cada cual... Todo eso ¡fuera!"
-No se pude hacer esto a costa del contribuyente -brama Paco, al que no cogieron en el último montaje con dinero público (ya no sé si del María Guerrero o del Español, que de todos es amigo "que a María Guerrero la hubieran tratado hoy peor que cuando intentó volver a España") porque los que tal hacen, y eso es lo más desesperante, son sus colegas de antes, los antiguos luchadores por la libertad del arte, podridos de dinero público, y el que correspondía seleccionarlo en la presente ocasión, se pronunció de esta guisa:
"¡Que no tengo suficiente cara de malo!"
Veo en Internet que el Festival Internacional de Teatro Contemporáneo Lazarillo-Manzanares, evento castellano-manchego, ha contado a lo largo de su andadura, de treinta años largos, con la colaboración y visitas de personajes tan relevantes dentro de la cultura como Antonio Buero Vallejo, Francisco Nieva, Javier Tomeo, Nuria Espert, Ana Marzoa, Alfonso Carreño, Gloria Fuertes, José Sanchis Sinisterra, Helena Pimenta, Juan Diego, Paco Tous, Fernando Delgado, Francisco Algora, Mario Gas, José Luis Gómez.
Yo a Paco lo veo al mismo nivel que a Fernando Fernán Gómez, Agustín González, Paco Rabal, Juan Diego... Pues eso, hombre, tus compañeros de navegación. Uno de los grandes, Paco.
¡Con esa cara y esa voz, decir que no tiene cara de malo el hombre! Que venga Dios y lo vea. Un bendito con cara de truhán es lo que eres, Paco. Gracias por haberme hecho reír aquella mañana terrible y fitera.
Nota: FIT 08 es el Festival Iberoamericano de Teatro (Cádiz) en la edición de este año 2008, que se celebró entre los días 14 y 25 de octubre.
Ilustraciones: Carteles de alguna películas en las que ha participado Paco Algora
Anunciación Fernández Antón María Anunciación Fernández Antón
sábado, 4 de marzo de 2023
Pepe Sancho: un hombre de acción
PEPE SANCHO: MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
Media entrada del Teatro Bellas Artes en una fría mañana de noviembre de 2008. Pepe Sancho presenta sus memorias tituladas como él mismo, Pepe Sancho. El libro, grueso pero que luego resultará de una gran amenidad, se edita bajo el sello de Ediciones B. La media entrada es toda entera de famosos. "Si esto fuera una función, las he tenido peores", se felicita el protagonista.
Pepe Sancho está pletórico al inicio de la presentación de su libro en el Teatro Bellas Artes. Este teatro perteneció a José Tamayo, personaje que lo influyó grandemente al dirigirlo en Enrique IV, de Pirandello, por eso la obra que estrenará de nuevo el 3 de diciembre [de 2008] en esta misma sala del Bellas Artes, el Teatro de Tamayo: Enrique IV de Pirandello. Las celebridades que casi llenan la sala al final de la presentación (han ido llegando unos tarde, otros medio tarde, ya a función empezada) son compañeros de rodajes y de montajes, periodistas y hasta presentadores de telediarios y gentes de la cultura en general que apoyan al actor, tan ensalzado por la crítica seria como vapuleado por la prensa del corazón a la que él llama basura y ha mandado más de una vez "a mamarla". La expresión la repite Raúl del Pozo con fruición, acompañante en la mesa, recreándose en ella, regocijándose de que alguien haya tenido las agallas de usarla ante las cámaras.
"He escrito este libro para poder expresarme con libertad. Trabajando desde los 6 años, creo que tengo suficiente bagaje para poder decir lo que quiera. Lo que me dé la gana -enfatiza-. No pretendo que sean unas memorias al uso, sino los episodios de mi vida que más me apetece mostrar".
No habla Pepe Sancho sobre su vida privada, no quiere y punto, ni contestará más tarde a preguntas, calificando de basura a los compañeros que tal esperan, que a tal le incitan con el manido pretexto de que "tienen que ganarse la vida". "Sois basura", señala Pepe con su índice de campesino una y otra vez sin entrar a considerar que sí, que existe esa forma de ganarse la vida hoy en día que los de pueblo no entendemos: El preguntar por lo que duele, revolver en lo que jode hasta que el grano (o el callo, o la llaga) reviente. Lo cierto es que Pepe Sancho en el teatro ha hecho de todo, desde empresario arruinado que fue del Alfil, tras lo cual tuvo que huir al Paralelo barcelonés acosado por las deudas, hasta galán joven en un teatro ambulante, y maduro por España y América (mas varias pérdidas personales dolorosísimas), para llegar a su consagración definitiva con Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, primero en Mérida luego por toda España (Madrid y los teatros de la Generalitat) de la mano del director italiano Maurizzio Scaparro.
El libro puede leerse como una novela de aventuras y a ratos como una novela picaresca por donde desfilan los más curiosos y aguerridos personajes de la Historia de España (el marqués de Villaverde y las nietas y nietos de Franco, sin ir más lejos) compañeros que fueron en ocasiones de quien tuvo que ingeniárselas para engañar al destino y que llegó a robar hasta el pan (o las mantecadas y el vino de misa a un cura samaritano) para sobrevivir.
De una familia humildísima, veía cómo sus honrados padres eran incapaces de salir de la miseria. Esto, junto con el hecho de ver en el cine de su pueblo (Manises, de que es hijo adoptivo) que Humphrey Bogart tiraba los cigarrillos nada más encenderlos, le llevó a creer firmemente que quería ser actor porque allí tenía que haber mucho dinero. Fue así como, siendo aún adolescente, se fugó hasta tres veces de su pueblo y llegó a acabar en la cárcel porque estas fugas constituían todo un delito. Aventura tras aventura y las desventuras entremezclándose, siempre vio la manera de salir del fango y cuando más metido estaba en él, lo llama Maurizzio Scaparro para hacer de Adriano, "a Maurizzio le importaban un pito tus andanzas, lo único que le importaba es que fueras un actor", algo sorprendente en el panorama español al uso, por lo que se ve. '
Divertidísima lectura y toda una lección de vida.
Anunciación Fernández Antón María Anunciación Fernández Antón
Asunción Balaguer: Qué buena chic a es mi Asunción
ASUNCIÓN BALAGUER
Asunción Balaguer nació en Manresa en 1926 y vive actualmente en Alpedrete, una localidad cercana a Madrid. Es conocida por el gran público por haber sido la compañera y esposa, madre de sus hijos, etc. del actor Paco Rabal. Por él dejó el teatro, al que ella se dedicaba cuando le conoció (él estaba intentando llegar: era electricista y cuantos oficios se terciaran de camino a lo que sería su gran pasión, el oficio de actor). Ella lo dejó todo al casarse, para cuidar a los hijos, acompañar al marido y llevar la casa. Sólo mucho más tarde, muerto ya Paco Rabal (que había nacido en Águilas y murió en Burdeos en 2001) pudo Asunción volver a plantearse el hecho de volver a pisar las tablas, cosa que hizo en 2005 con “Al menos no es Navidad”, de Carles Alberola, en el Teatro Bellas Artes, tan ligado a sus orígenes.
En sus memorias, escritas bajo el título “Si yo te contara” por el periodista Agustín Cerezales, cuenta Paco Rabal cómo conoció a su Asunción: “Era el año 1947 y acababa de ingresar en la Compañía Lope de Vega, de José Tamayo, que representaba a los clásicos: Tamayo me fue presentando a todo el mundo, había muchos granadinos (Tamayo lo era): Carlos Lemos, qué grandísimo actor, Maruchi Fresno y Asunción Balaguer… Qué hermosa estaba María Asunción. Rebosaba alegría y juventud. Llevaba puesto un jersey con un cangrejo rojo que no se me olvidará en la vida. Consideré imprescindible tener un detalle con ella y sabiendo que era catalana le dije: Oye, sabes el chiste de aquel negro que decía: Quién fuera blanco aunque fuera catalán.”
“Más tarde me diría que le parecí un botarate. Buen comienzo.”
Precisamente en estas memorias, cuenta Paco que sus dos referentes en la vida eran su hermano Damián y Luis Buñuel. Cuando algo no sabía qué hacer con ello ni qué dirección tomar, bastaba con que pensara la cara que iban a poner ellos para saber si estaba bien o mal. Y si estaba mal y lo hacía, no era hombre. Más tarde, su referente sería cada vez más y más su mujer Asunción, con la que a fuerza de trabajos, alegrías y dolores, pasó a tener una relación de amistad mucho más grande que el amor que en un primer momento podían sentir. Ella era en efecto conocedora de sus debilidades y precisamente apreciaba la grandeza y la sinceridad de que se las contara.
Con él tuvo dos hijos, Teresa y Benito, ambos dedicados a la interpretación. Su nieto Liberto Rabal también es actor y director, recientemente lo hemos visto en la serie “Amar en tiempos revueltos” en un papel de periodista duro y malo, perverso.
Contaba una vez Asunción Balaguer que su marido cobraba más derechos por dos cositas hechas en Francia que por todas las películas de su vida en España. Espero que no fuera ésa la razón para que María Asunción cogiera de nuevo los trastos de actuar. Desde que volvió, no ha parado de hacerlo, se ve que el talento seguía latente en ella. Y no necesita más, dice que para ella eso es como el pitillito de la risa.
En la primavera del año 2009, Asunción Balaguer vuelve a los escenarios con "El tiempo es un sueño", un homenaje a una obra homónima de Lenormand que ella había interpretado a los 18 años sin comprender nada, dice ella. Sólo que ahora la protagonista es ella, la obra trata de ella misma, de su vida al lado del Paco Rabal, sus más de 50 años juntos, lo reído y lo llorado junto a él y aún después de morir él. La obra, compuesta y dirigida por Rafael Álvarez el Brujo, a partir de una grabación de 16 horas en que ella se explaya, es una verdadera terapia para ella, que sólo en presencia de amigos se podía dar.
Siempre habrá secretos que no cuente, y hará bien, “en ese momento nos dimos cuenta Damián y yo de la gran persona que era Asunción”, constata Paco en una frase de sus citadas memorias.
Yo también he hablado alguna vez con Asunción Balaguer y he visto lo gran persona, humana y naturalísima, que es. Tanto que a su lado te sientes tranquila y la dejas que hable, ella te trata como de la familia sin preguntarte nada. La he visto retratada en una galería de arte de la Costanilla de los Ángeles, algún fotógrafo que se enamoró de su cara y no me extraña. El domingo 16 de enero de este 2011 recién estrenado ha declarado a un periodista que ahora, por fin, es completamente feliz y que además se siente con derecho a serlo. Y yo me alegro.
Anunciación Fernández Antón María Anunciación Fernández Antón
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