sábado, 4 de marzo de 2023
Kiti Manver
KITI MANVER
La actriz Kiti Manver nació en Málaga, concretamente en Antequera, hace 57 años. Mujer trabajadora y a la que le gusta ganarse los trabajos por méritos propios, mujer amable y afable, humilde y que procura estar siempre de buen humor para facilitarles las cosas a todos los que la rodean, no ha desdeñado ninguno de los medios en que el oficio de actriz se hace. Se hace y se nace, porque ella es muy consciente de que éste es un oficio que hay que ganárselo día a día, como si uno estuviera de continuo examinándose.
Acabo de verla en el Salón de Cristales del antiguo Ayuntamiento de Madrid recibiendo el Premio Puerta de Toledo en su XXXI edición y veo que está de gira por España con la obra de Teatro “Tres”, de Juan Carlos Rubio, actividad que compagina con la televisión donde protagoniza, en un formato sitcom, la obra de teatro “Los quien”, junto a Javier Cámara, Julián López y María Pujalte.
En cine, ha sido premio Goya a la mejor actriz de reparto en 1991 por “Todo por la pasta”, de Enrique Urbizu, y ha trabajado con grandes directores en múltiples papeles, desde la comedia hasta el drama.
En Teatro, se ha puesto desde 1969 a las órdenes de los más grandes directores que en el teatro de España han sido: Pilar Miró, Miguel Narros, José Tamayo y el citado más arriba Juan Carlos Rubio. Con ellos ha representado obras inolvidables con títulos como “Hijos de un dios menor”, “Divinas palabras” , “Ay Carmela” y “Tres”, actualmente de gira por España.
Para todos sus compañeros tiene siempre palabras de ánimo y aprecio: “Siempre traía alegría, jamás se quejaba”, dice a propósito de Juanito Navarro, el actor de comedia fallecido recientemente. Pero Kiti Manver es además una chica de revista, una actriz de esas todoterreno que lo mismo canta y baila que actúa, en un género dificilísimo, tan aparentemente banal, pero en el que hay que ganarse a pulso al público: con las curvas, la simpatía y la gracia para no quemarse entre tanta lentejuela.
Se emociona la actriz con la música que Ennio Morricone compuso para “La Luz prodigiosa”, de Miguel Hermoso, película en la que ella es también protagonista y cuya banda sonora acompaña por un momento las palabras de agradecimiento de Kiti Manver al recibir el Premio Puerta de Toledo el 24 de enero de este recién estrenado año 2011, que recibe como madrina del XXXI Festival de Cine español de Carabanchel.
Y después, ¿qué? Después, hala, a trabajar, a contestar una y otra vez a las mismas preguntas que parece que nadie ha escuchado lo que ha dicho un momento antes, a dejarse retratar cuantas veces quieran, a ser encantadora y accesible con todos sin perder la pátina esa tan difícil del glamour que ella tiene. De cerca resulta todavía más bella y así se explica que no deje de recibir ofertas de trabajo. Ella misma se encargó de subrayar muy bien que muchos de sus compañeros, como Manuel Galiana, ausentes de aquella Gala de Presentación que tenía lugar al mediodía soleado de Madrid, lo eran por razones de agenda. Pues que siga la buena racha laboral. Y que no falte
Anunciación Fernández Antón María Anunciación Fernández Antón
Ana María Vidal
Ana María Vidal nace en el centro mismo de Madrid, Calle Esparteros, en 1944, muy cerca de la Puerta del Sol y de la iglesia de Santa Cruz, lugares ambos muy amados por su memoria. Era de origen humilde pero su padre era un hombre culto, gran aficionado al teatro, aunque por desgracia se le murió muy joven. Tras cursar estudios en la Escuela de Arte Dramático de Madrid, donde ingresó con apenas 9 años, al acabar el primer curso fue la niña en La rosa tatuada de Tennesee Williams, con Miguel Narros, y con él se fue de giras por España ese verano. Empero, su primera experiencia interpretativa de fuste fue en la obra Los años del Bachillerato (1960), con dirección de José Luis Alonso, director al que nombra con holgura, obra en la que conoció a la también debutante Tina Sainz. Eran los años en que las compañías se iban de gira por toda España, particularmente en época de Ferias, en las que coincidían con los toros.
También son amados por su memoria directores teatrales como Modesto Higueras, José Luis Alonso, Miguel Narros, Pedro Osinaga y su familia, Antonio Guirau, Gustavo Pérez Puig y su mujer Mara Recatero, hay tantos y tantos amados en sus memorias que prácticamente la escena española del último medio siglo tiene cabida en ella. Y cabida amada. Entre los actores, son legión los que compartieron protagonismo y reparto: Sus queridísimos Tina Sáiz y Pepe Rubio, Fernando Delgado (padre e hijo) y otra vez Pedro Osinaga (también padre e hijo), Jaime Blanch, su ídolo y maestro Vicente Parra, Jesús Puente, Alicia Hermida, Lola Herrera, Ester Bellver...
Por citar sólo un estreno en el María Guerrero, Cerca de las estrellas de Ricardo López Aranda (1961), el reparto era el siguiente: Milagros Leal, Antonio Ferrandis, José Bódalo, Lola Cardona, Enriqueta Carballeira, Fernando Marín, Manuel Galiana, Carlos Villafranca, Gonzalo Cañas, Alberto Alonso, Sonsoles Benedicto, Luisa Hermosa...
Baste decir que todo el que era alguien en la escena, amén de todos los teatros en todas las plazas importantes de España (por el verano hacían con sus giras la misma ruta que los toreros) salen en sus memorias como protagonistas de las mismas y amados por su corazón: Bilbao, San Sebastián, Gijón, Vigo, Sevilla, Cádiz. Habría que enumerar a toda España con todos sus teatros y muchas de sus familias ilustres, dentro y fuera de la escena, para dar un resumen cumplido de lo que ella ha vivido en su rica carrera de actriz.
Pero es que en general la actriz Ana María Vidal es una persona tan amable, tan bella en el más puro y genuino sentido de la palabra, que raro es el compañero de giras, o director de casting, o compañero de fatigas en general (no es fácil encontrar pensión barata en las Ferias veraniegas de España) del que no hable bien. Se llevaba bien con todo el mundo, tenía compañeros maravillosos de los que era devota y aprendía a rabiar, idolatraba a su familia y todos se adoraban entre sí y se apoyaban como leones: Su madre cuidándole a su hijo, bien en casa bien yéndose de gira todos juntos, sus tatas tan entrañables hasta que se morían de viejas o se iban para casarse.
Cuando en su vida hay un pequeño incidente (como cuando su padre la llevó a que la conocieran los familiares de Jaén), ella lo cuenta con todo sentimiento. O como cuando le robaron la paga del bolso, dejado en el camerino durante la función. Eso cuando se anda justito, y los inicios de Ana María fueron humildes por lo que su paga hacía falta en casa, sienta muy mal. Sus desgracias familiares son vividas por el lector como propias y en carne viva, merced a esa empatía que ella transmite: la muerte de su padre, la enfermedad de su hermano... Son golpes demoledores que sólo supera con más trabajo y apoyándose mucho en los que la quieren.
Pero la mayor parte de su vida está jalonada de sucesos extraordinarios, encuentros maravillosos y casualidades salvadoras. Estas Memorias son, por ello, una bendición, y su lectura deja la sensación de alguien que ha pasado por los escenarios haciendo amigos, viviendo y aprendiendo de todo y de todos. Y que sigue en activo, aunque ahora más calmada, en cine y sobre todo en la televisión.
Su vida privada ha transcurrido paralela al teatro: Eran una familia, sus relaciones eran estrechas, era la época en que había dos funciones diarias. Por ello, las dos parejas de las que habla en sus memorias, las conoció cómo no, en los ámbitos del Teatro: Estuvo casada con el director, productor y actor Vicente Haro. Su hijo, que aunque abogado de carrera, se dedica a la promoción de artistas, también se llama así, y su actual compañero se llama José Manuel Paulino y es regidor, mientras escribo estas líneas, en el Teatro Español.
Vive en Brunete, pueblo que con su nombre le dedica un Festival desde hace años, como antes vivió en General Pardiñas, más tarde en calle Viriato, tuvo el primer piso comprado en el edificio Galaxia de Moncloa... Todo te lo cuenta con amenidad y sencillez en estas memorias que acaba de publicar la editorial T&B bajo los auspicios de AISGE en una colección que bajo el título Memorias de la Escena Española dirige el actor Juan Jesús Valverde, a quien debo que este ejemplar haya llegado a mis manos
Entre otras obras, destacan: Ocho mujeres (1961). El cianuro ¿sólo o con leche? (1963). Nunca es tarde (1964). Enseñar a un sinvergüenza (1968). Juegos de medianoche (1971). Sé infiel y no mires con quién (1979). Entre mujeres (1988). Durante los años en que Gustavo Pérez Puig dirigió el Teatro Español, fue la protagonista indiscutible de funciones que tuve la suerte de presenciar: La venganza de Don Mendo (1998). Los habitantes de la casa deshabitada (1999). Misión al pueblo desierto de Buero Vallejo, (1999). Don Juan Tenorio (2000), Celos del aire (2003), Melocotón en almíbar (2005). La decente, de Mihura (2008).
Televisión.- Fue durante los años sesenta y setenta, una de las actrices que más se prodigó en los espacios de teatro televisado que por aquella época emitía Televisión Española. Sus viajes a Prado del Rey eran diarios y, cuando se terciaba, compaginados con sus dos actuaciones diarias en los Teatros de Madrid. Su primer contacto con el medio fue un papel en la obra Matrícula de humor en 1960. Siendo una de las actrices más fieles al medio televisivo, en los siguientes años los personajes que interpretó en espacios llamados Estudio 1 o Novela teatral superaron el centenar.
Ana María Vidal sigue en activo. Y sigue siendo espléndida.
Anunciación Fernández Antón María Anunciación Fernández Antón
Fernando Conde, Actor perdido por Santa Ana
FERNANDO CONDE, ACTOR
El nombre de su Compañía Darek Teatro hace honor a su pueblo Daroca (Zaragoza) pues Fernando Conde lleva muy a gala el ser aragonés y por eso vive en el Centro de Madrid, como tanta gente de provincias que aquí hemos llegado en busca de mejores oportunidades.
Me lo encuentro con frecuencia por el Barrio de la Letras, bien (o muy bien, mejor dicho) cruzando la Plaza de Santa Ana, bien (maravillosamente bien) leyendo teatro en el Ateneo de Madrid a petición de uno grupo de amigos, bien compartiendo tertulia improvisada en la barra de un bar (un bar cualquiera de los que se abren en cada portal de los de la zona más barera de España), dando con su porte, y sobre todo con su voz, lustre y carácter a unos lugares (los bares, el Ateneo) desde los que se accede fácilmente a los Teatros, ámbito genuino de su trabajo de actor. Allí, entre la gente que puebla y pulula sin mirar, encuentra él el trampolín necesario y justo para subir a los escenarios donde se cuece lo irrepetible. Porque Fernando Conde lleva con su humildad y bonhomía, el Teatro en el cuerpo, y por eso es fácil saludarlo, no se ofende ni se asusta de que lo reconozcas fuera de él, tampoco se enorgullece, puedes dirigirle y te contesta el saludo, con toda naturalidad intercambia contigo un buenos días o lo que corresponda sin más explicaciones, sin más complicaciones.
Curiosa y ejemplar la trayectoria de Fernando Conde que ha dedicado las dos últimas décadas de su vida al Teatro. Lo que no sabe mucha gente es que este actor perteneció al mítico grupo humorístico Martes y Trece del que se salió en pleno éxito, como los toreros. Así es como narra él lo que fue esta azarosa hazaña para el periódico El Mundo en 2009, mientras hacía el personaje de Shylock en El mercader de Venecia: "Fue como un cuento de hadas. Éramos tres actores en paro y, con un atrezzo que cabía en una caja de cartón, ideamos un 'minishow'. Entonces, la CBS nos hizo un disco que, aunque no se vendió, nos permitió ir a un programa de Íñigo. En 24 horas, y gracias a un sketch de las trillizas de oro que acompañaban a Julio Iglesias, nos convertimos en un fenómeno". Éstos fueron los inicios de Martes y Trece, el exitoso trío humorístico que fundó en 1977 y que, con "las ideas agotadas" y una gran nostalgia por el Teatro, decidió abandonar en 1984.
Desde entonces, ha compaginado las tablas con trabajos para el cine y la televisión, pero el Teatro -y en especial las obras clásicas- han guiado sus pasos. A la altura de sus casi 60 años, uno de los mejores intérpretes de la escena española ha resuelto que no está dispuesto a encarnar personajes que no le gusten.
CREADOR DE SU PROPIA COMPAÑÍA
Con el nombre árabe de su pueblo (Darek - Daroca), bautizó a la compañía que creó junto a su mujer, después de una amplia experiencia sobre las tablas a las órdenes de directores como Tamayo, Narros y Alonso de Santos, o de Pilar Miró en la película El perro del hortelano. Porque en plena madurez, llegado el momento como decían los antiguos de formar compañía para preparar, con cierta independencia, los títulos que más le conmueven, tiene en mente subir a escena un Molière que podría animarse a dirigir.
De este modo, Fernando Conde produce sus espectáculos y Darek Teatro se estrenó en la producción con El lindo don Diego, de Moreto, en el Teatro Real Cinema; siguió adelante con El mercader de Venecia, de William Shakespeare, que se estrenó hace dos años en el teatro Infanta Isabel tras una larga gira por ciudades y festivales, y posteriormente, en el momento en que escribo, representa en el Teatro Lara David & Eduardo, una excelente comedia de Lionel Goldstein. Al interpretar al despiadado y rencoroso judío Shylock, un papel muy goloso para cualquier actor en su madurez, Fernando Conde se convierte en el principal atractivo de un montaje muy fiel a la tradición y con un respeto exquisito por este texto. Su voz, su gesto, su entonación y presencia escénica componían una actuación sobresaliente de Fernando Conde, aplaudidísima por el público que siguió con interés y sin cansancio un montaje que dura tres horas en adaptación de Rafael Pérez Sierra con dirección de Denis Rafter. Junto a Fernando Conde, Natalia Millán y Juan Gea, dos compañeros de armas de gran prestigio en la escena actual, entre otros.
VERANO DEL 2011. DAVID Y EDUARDO EN EL TEATRO LARA
Precisamente con Juan Gea interpreta en el Teatro Lara (Madrid) la obra David & Eduardo, Lionel Goldstein, un canto a la amistad entre hombres "ya maduros" surgida en las circunstancias menos apropiadas, una pareja extraña que surge de la maravillosa - espinosa- casualidad de haber compartido el amor por una misma mujer, de la cual cada uno de ellos descubrió facetas insospechadas para el otro, lo que habla de lo difícil que es conocer a una persona, sobre todo si creemos tenerla para nosotros en exclusiva y sin fisuras. Poner la mano en el fuego, que se diría, por ella, por la imagen que nos hemos forjado de ella. La aceptación de esta realidad sobrevenida dará nobleza al poseedor de la verdad absoluta, sobre su matrimonio y sobre él mismo, todo ello contado con las palabras más certeras y avalado por las voces y ademanes de estos dos genios de las tablas.
Una pieza preciosa y extraordinariamente divertida en medio de su profundo contenido filosófico y moral.
Fernando Conde es, además, un entusiasta aficionado a la tauromaquia, a la pintura, a las antigüedades, a la vida vivida con decoro y al refugio que proporciona el arte. Vive de alquiler, una forma más de no encadenarse.
En su casa del Barrio de las Letras, atesora muchos recuerdos a los que le une un gran vínculo sentimental, como la oreja que le brindó Paquirri en la corrida anterior a la de su cogida mortal en Pozoblanco. El actor aprecia la fiesta en su condición de tragedia griega y le otorga la categoría de arte efímero, como el teatro, algo con lo que no puedo menos que estar de acuerdo.
UNA TRAYECTORIA ÚNICA Y ENVIDIABLE DE COHERENCIA
Para completar su trayectoria, es emocionante recordar las palabras del periódico El Mundo en su reportaje ya aludido de 2009: "Su condición de "mal estudiante" le acercó a Madrid en 1971, tras ser reclamado por su hermano mayor -auténtico 'pater familias' desde el fallecimiento de su padre, cuando Fernando contaba 10 años- con la intención de quitarle "los pajaricos" de la cabeza. En la capital comenzó a estudiar para, comenta jocoso, opositar a la banca. Como no le fue bien, inició en una academia de la calle de Montera, sin mucha convicción, la preparación del acceso a una carrera de tres años, hasta que coincidió con un profesor "determinante" en su vida. Se llamaba Antonio Cruz y pensó en incentivar a los chavales montando 'La venganza de don Mendo'. Advirtiendo en el joven verdaderas dotes para la interpretación, le animó a realizar las pruebas de la Escuela de Arte Dramático. Una vez superadas, un Fernando "vago y poco madrugador" se transmutó en alumno "aplicado y lleno de ilusión". Adolfo Marsillach le contrató para la serie de televisión 'Silencio, estrenamos', lo que le apartó definitivamente de la escuela. Después llegaría el musical 'Gospel' y a continuación los tiempos "hermosos" de Martes y Trece. "Pasamos de actuar en un pub de Guzmán el Bueno, donde nos pagaban 5.000 pesetas por fin de semana a los tres, a cobrar 150.000 por gala en el 78", recuerda. A finales del 84, cuando dejó el grupo, su caché había subido a las 900.000. "Tuve tres pisos en Madrid, entre ellos un ático estupendo en Capitán Haya y un apartamento precioso en la calle del Prado". El montaje fallido de una obra de teatro le obligó a vender este último, pero Fernando Conde se siente, hoy, "cómodo y a gusto" de alquiler. "Mi casa es lo que hay dentro, no me embarcaría en créditos de por vida", afirma, aunque sí le gustaría tener una segunda residencia en Daroca." Pues, siguiendo con los clásicos, "es de bien nacidos ser agradecidos."
Nunci de León Nunci de León
María Isbert
MARÍA ISBERT, GRAN CÓMICA DEL CINE Y EL TEATRO (1917-2011)
María Vicenta Ysbert Soriano, más conocida como María Isbert, nació en Madrid el 21 de abril de 1917 y murió en Albacete el 25 de abril de 2011. Hija y madre de actores, murió a los 94 años después de 75 años en la profesión.
Su familia siempre estuvo muy vinculada a la localidad de Tarazona de La Mancha, allí tienen una finca con sus viñedos y su ermita a la Virgen de la Soledad, de ahí que ella se encontrara en Albacete cuando le sobrevino la muerte. La capilla ardiente de María Isbert fue instalada en el Teatro Circo de Albacete, donde permanecería abierta al público hasta el momento de ser trasladada al panteón familiar del cementerio de Tarazona de La Mancha, y por eso, más recientemente, el Circo Price de Albacete le ha dedicado un homenaje al que asistieron todos sus hijos y nietos y muchos amigos.
Esta actriz tan prolífica que intervino en 250 largometrajes, tuvo su debut en la obra dramática Nuestra Natacha, de Alejandro Casona, en 1936, en la que compartía reparto con su padre, Pepe Isbert. Junto a él trabajó a lo largo de ocho años en su propia compañía teatral. "En el teatro siempre he sido muy feliz, ahora estoy muy vieja y lo echo de menos, pero lo revivo otra vez a través de la memoria", eran sus palabras cuando en 2008 recibió el homenaje de la Academia de Cine, la placa que la reconocía, a sus 91 años, como miembro de honor de esta institución. En esta ocasión, acompañaban a la intérprete, sus hijos, y amigos como Manuel Alexandre, Pepe Sancho, Álvaro de Luna, Teresa Rabal o Tito Valverde.
Muchas son las instituciones que le ha rendido homenaje por sus casi ocho décadas de carrera y ha tenido una vida larga en años y rica en aventura, en hijos y en trabajos de teatro, cine o televisión."A estas alturas lo único que sé es que la vida funciona como una tragicomedia maravillosa. Se anda entre susto y susto entre muchas cosas bonitas". Así era la vida para María Isbert, una de las grandes cómicas de reparto que ha dado el cine y el teatro español del siglo XX. Y se va sin celebrar sus bodas de platino con la profesión a la que se entregó durante tantos años sin perder nunca la ilusión por actuar, qué joven era.
Su padre, el gran actor Pepe Isbert, hizo lo imposible para que su hija no se dedicara a la revista sino que se preparara para la vida estudiando una carrera. Aunque, eso sí, en muchas ocasiones la actriz señaló que todo lo que logró fue gracias a su padre, que le advirtió que para ser una buena actriz había que prepararse. Pero la guerra impidió su proyecto y desde el principio no paró de trabajar.
Se casó a comienzos de los años 1950 con el profesor de húngaro Antonio Spitzer y con él tuvo siete hijos, lo que haría que abandonase el teatro para dedicarse a su familia. No así el cine, en el que realizaría trabajos tan reconocidos como Recluta con niño, de Pedro L. Ramírez (1955); El rey de la carretera (1956), de Juan Fortuny; Lo que cuesta vivir (1957), de Ricardo Núñez; Los ángeles del volante (1958), de Ignacio F. Iquino; y El gafe (1958), de Pedro L. Ramírez, El indulto, de José Luis Sáenz de Heredia; Un rayo de luz, de Luis Lucía (1960); Viridiana de, Luis Buñuel (1961), La gran familia, de Fernando Palacios (1962), El verdugo, de Luis García Berlanga; Un demonio con ángel, de Miguel Lluch (1963); Más bonita que ninguna, de Luis César Amadori (1965); o La mujer perdida, de Tulio Demicheli (1966).
La muerte de su marido en 1968 le hace volver al teatro, esta vez con la Alfonso Paso ¡Cómo está el servicio! para la compañía de la actriz Florinda Chico. A esta obra la seguirían otros éxitos teatrales como Milagro de Londres, Lo mío es de nacimiento, Los chaqueteros, Un espíritu burlón, El cianuro solo o con leche y El día que secuestraron a papá.
Igualmente en la pequeña pantalla dejó memorables interpretaciones, casi siempre de registro cómico, en series como Escuela de maridos (1963-64), La casa de los Martínez (1967-1971), al igual que en el exitoso Estudio 1.
A pesar de que su pasión era el teatro, llegó a participar en más de 300 películas. Su actividad en el cine hizo que estuviera unos años retirada de los escenarios, aunque en 1968 se reincorporó al teatro para intervenir en la compañía de Florinda Chico, en la obra de Alfonso Paso ¡Cómo está el servicio! En 1981 reapareció, una vez más, con Los chaqueteros, de Antonio D. Olano y un año después, estrenó Rematadamente locos, de Víctor Valldey bajo la dirección de Eugenio G. Toledano.
En noviembre de 1986 celebró sus bodas de oro en el teatro y ya convertida en una actriz de gran presencia en la televisión, interpretando un papel de cómica en la obra Patatús, dos años después rodó en Albacete Amanece que no es poco, del director José Luis Cuerda. Durante 1994 intervino en la grabación de la serie de TVE Villarriba y Villabajo. Sus últimas apariciones en el cine han sido en La Gran aventura de Mortadelo y Filemón, bajo la dirección de Javier Fesser, R2 y el caso del cadáver sin cabeza y Semen, una historia de amor de Inés París y Daniela Fejerman.
Muchos son los que han aportado testimonios de su forma de ser en el escenario y fuera de él, con ocasión de los homenajes recibidos y todos los periódicos importantes le han dedicado sentidas despedidas:
En teatro trabajó ya octogenaria con el escritor y humorista José Luis Coll en Cianuro... ¿solo o con leche?, obra de humor negro de Juan José Alonso Millán, que fue dirigida por el propio autor. Era una adicta al humor negro. Llegó a afirmar que había heredado de su padre el gusto por las noticias de sucesos: "Las veo todas, y mientras lo hago, paso un rato muy amargo. ¡Cómo son las cosas!".
El actor Pepe Viyuela fue uno de los últimos que trabajó con la actriz, haciendo de hijo suyo en Mortadelo y Filemón, la versión cinematográfica de los populares personajes de Ibáñez, que dirigió Javier Fesser. "Aunque Fesser la decía que no se forzara, ella replicaba que había que intentarlo, por encima de todo", relataba ayer Viyuela. "Ella preguntaba antes que nada qué había que hacer, lo intentaba y lo conseguía. Aunque era muy impactante trabajar con una cómica de su talla, ella te preguntaba, te consultaba, y te hacía sentir importante, nunca pretendía enseñarte nada y su humildad, y la capacidad de hacerte sentir actor, era impresionante", sostiene Viyuela.
Andrés Peláez, director del Museo Nacional del Teatro, trató a María Isbert en profundidad durante la entrega del Premio José Isbert de Teatro, en Albacete, a Mari Carrillo, gran amiga de la actriz desparecida: "El diálogo entre las dos actrices era absolutamente delirante. Como si lo hicieran Mihura y Jardiel Poncela. Es decir, el absurdo total. Pero si algo me quedó en el recuerdo, de María, era el amor infinito de una madre con sus hijos y nietos. Y viceversa. No he visto nunca tan claramente desarrollar en esto el papel de una primerísima cómica como lo hacía la Isbert", señala Peláez.
Creyente y practicante desde antes de hacer la primera comunión, Isbert declaró en más de una ocasión que desde muy pequeña comulgaba diariamente: "Los actores somos muy creyentes, todos tenemos los camerinos llenos de estampitas y hasta el más ateo se santigua tres veces antes de salir al escenario", decía. (Testimonios publicados por Rosana Torres, El País 26/04/2011)
Y éste es el testimonio que aportaba el 25 Abril de 2011 Lluís Fernández en la edición de Valencia de La Razón:
María Isbert fue una de las actrices cómicas más queridas y respetadas de la profesión. Su inclusión en un reparto era garantía de éxito popular.
María Isbert pertenece a la vieja estirpe de las geniales damas del teatro y el cine español, encabezadas por Guadalupe Muñoz Sampedro, Julia Caba Alba, Isabel Garcés, Mari Carmen Prendes, Rafaela Aparicio, Aurora Redondo y Mary Santpere. Muchas de ellas figuras centrales de las sagas de actores que han configurado la escena española como una gran familia. A falta de grandes intérpretes y galanes portentosos, España ha proporcionado a la escena patria geniales actores y actrices de reparto, cuyo físico, no muy agraciado, los empujaron a la comedia y a protagonizar colectivamente lo mejor y lo peor del cine español.
«A mí, por ejemplo, me ha merecido la pena no ser guapa porque había tantos papeles de secundaria que he trabajado en más de 300 películas con mis papeluchos», confesaba María Isbert en una entrevista. Además, la Isbert era parte fundamental de otra de esas sagas que unen el ayer del cine español con el presente. Su padre, Pepe Isbert, es sin duda uno de los mayores actores del cine español y ella una magistral intérprete y madre del actor Tony Isbert.
Fueron tantos los papeles cómicos que protagonizó María Isbert en las comedias en blanco y negro de la posguerra, en el cine en color del desarrollismo y el destape del cine de la Transición que resulta fácil encasillarla en el papel de chacha o maruja respondona y metete, de pelo alborotado y ojos abiertos y desafiantes pero siempre con un aire triste, conmovedor. Una actriz que robaba el protagonista a sus compañeros de reparto sin apenas notarlo en los pocos minutos que le dejaban los directores. Cada vez que aparecía la Isbert, la cámara se detenía, apenas un instante, para celebrar su singular fotogenia y lamentar las pocas veces que tuvo la oportunidad de demostrar lo gran actriz que era. Como hizo en el teatro y en películas tan dispares como «Amanece que no es poco» (1989), «La gran aventura de Mortadelo y Filemón» (2003) y en el corto «Envejece conmigo» (2005), de Alberto Moreno, en el que lograba una de sus mejores caracterizaciones en un papel de viejecita que encara, sin diálogo alguno, la recta final de su vida.
Yo, quien les habla, la conocí personalmente una mañana no hace muchos en años en el Ministerio de Cultura, un día en que se presentaba el Festival de Teatro de Málaga. Qué mujer tan espontánea, natural y acogedora. Trataba a todo el mundo por igual, no se le iban los ojos detrás de los organizadores, ni de los reporteros del corazón, sino que estaba agusto rodeada de gente anónima y joven que se reía con sus ocurrencias y admiraba su forma de expresarse, tan natural y tan cómica, lo llevaba en la sangre. De repente, ella tenía ojos sobre todo para su Tony, el actor Tony Isbert, único de sus hijos allí presente, y me dio la impresión de que ambos estaban muy unidos. Él iba y venía al tiempo que merodeaba a su alrededor, siempre pendiente de ella, y en un momento dado vi que ella le cogía la mano y ya no se la soltaba hasta que él, forcejeando, se ponía de nuevo en marcha. Era un diálogo mudo que había entre ellos dos y que discurría paralelo al que ella mantenía con todos nosotros. Luego conocí a otro de sus hijos, empresario de éxito y escritor en la Costa Azul, en Cannes, José Spitzer Isbert, uno de cuyos libros contiene precisamente sus Historias inmortales, glosando la amistad entre su abuelo Pepe Isbert y Jacinto Benavente. Estas lecturas y estas amistades me dieron la oportunidad de conocer mejor en lo humano a esta gran actriz que se nos ha ido, y su gran conexión sentimental con sus raíces de La Mancha.
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Amparo Soler Leal
AMPARO SOLER LEAL: UN ROSTRO CARACTERÍSTICO -Y MUY QUERIDO- DE LA ESCENA ESPAÑOLA
Amparo Soler Leal es de ese tipo de artistas que se pueden contar con los dedos de una mano. Una cara que, sin ser demasiado bella, tiene algo y sobre todo, dice algo al espectador que conecta con su yo más íntimo. Es un algo indescriptible, pues no hay palabra que pueda definir esta cualidad, pero todos sabéis a qué me refiero. Donde está ella, no hay tedio, pues su rostro tiene todos los matices. Por no hablar de su inconfundible voz.
Nacida en una familia de artistas, es hija de los actores Salvador Soler Marí y Milagros Leal, e inició desde muy joven su carrera de artista. Siendo una adolescente, tan sólo con 14 años, ya empezó a trabajar en el teatro, ascendiendo poco a poco todos los peldaños. Así llegó a convertirse en una de las mejores actrices jóvenes en los años cincuenta. Su cara es de las que llenan la pantalla cuando aparece, valga como muestra su papel La barca sin pescador, película basada en la obra homónima de Alejandro Casona. Pero es en el Teatro donde Amparo Soler Leal da la auténtica medida de su talento de actriz, así como de sus tablas y su saber estar.
Debuta en escena en 1948 con la obra No me mientas tanto, de Alfonso Paso, y más tarde se incorpora a la compañía del Teatro María Guerrero. Y es allí, bajo dirección de Luis Escobar, donde cosecha éxitos como Historias de una casa, de Joaquín Calvo Sotelo.
Mantiene, durante los siguientes años, una intensa actividad teatral, con éxitos que consolidan su carrera. Tras pasar por las compañías de Catalina Bárcena y Ernesto Vilches, ya en los años sesenta forma su propia compañía. Con ella interpretó obras de Pirandello y Sartre.
No obstante, y desde que en 1975 protagonizó la obra La señorita Julia, se apartó una larga temporada de los escenarios para centrarse en su carrera cinematográfica. En cine había debutado en 1952 con la película Puebla de las mujeres, de Antonio del Amo. Pero su popularidad comenzó a incrementarse en el medio desde Usted puede ser un asesino (1952), de José María Forqué. Las siguientes décadas la consolidaron como una de las intérpretes más sólidas del panorama cinematográfico español, habiendo trabajado tanto en registros cómicos como dramáticos. Entre el año 1963 y 1999 interpreta una película por año y algunos años dos. Títulos innumerables entre los que destacan, además de la ya citada La barca sin pescador (1963), La becerrada, La familia y uno más, Amador, Las que tienen que servir, Un diablo bajo la almohada, Estudio amueblado, El bosque del lobo, Tamaño natural, La escopeta nacional, Hablamos esta noche, La vaquilla, París-Tombuctú...
Los mejores directores del cine español se la disputan: José María Forqué, Luis Buñuel, Luis García Berlanga, Fernando Fernán-Gómez, Pedro Olea, Pilar Miró, Pedro Almodóvar.
Y en ellas comparte actuación con Martínez Soria, Saza, Fernando Fernán-Gómez, José Bódalo, Fernando Rey, Gómez-Bur, Concha Velasco... Una envidia de carrera para cualquier actriz.
No volvió al teatro hasta 1994, para interpretar El zoo de cristal, a las órdenes de Mario Gas.
Sobre los escenarios la vi por última vez en en el Teatro Bellas Artes, compartiendo cartel a dúo con Asunción Balaguer en la obra Al menos no es Navidad, de la que es autor y director Carles Alberola. Era el año 2010 y compartían escenario, siendo ellas las protagonistas, con otros dos jóvenes actores que les hacían de contrapunto existencial: Silvia Marty y Alberto Delgado.
A lo largo de su carrera, no se ha prodigado en exceso en televisión, si bien protagonizó la comedia Tres eran tres (1972-1973) y ha hecho algunas colaboraciones, como las series El Olivar de Atocha (1988) para TVE; Querido Maestro (1996-1998), para Telecinco, y Condenadas a entenderse (1999), para Antena 3, así como la presentación del programa Juego de niños (1989).
Ojeando Google, me encuentro con la noticia que da El Día de Almería con fecha 12.11.2012 sobre Amparo Soler Leal. Almería es y ha sido tierra de cine por antonomasia, no me extraña que allí se ocupen de figuras como ella. Resulta que la Editorial Círculo Rojo, con sede en El Ejido, acaba de editar una biografía personal y artística de Amparo Soler Leal. Escrita por el investigador Gabriel Porras, lleva como subtítulo Talento y coherencia.
En este trabajo se estudia su carrera de forma cronológica y, con un método histórico, se analiza su labor en los distintos medios. Con ello, se contribuye al conocimiento del mundo del teatro, el cine y la televisión en España a lo largo de más de sesenta años.
N. del E.: La actriz española Amparo Soler Leal falleció en Barcelona el pasado 25 de octubre de 2013 a la edad de 80 años.
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Julia Trujillo
EL MUNDO DEL TEATRO DESPIDE A LA ACTRIZ JULIA TRUJILLO
El martes 27 de agosto de 2013 muere la actriz Julia Trujillo a consecuencia (según fuentes de TVE y EFE) de un derrame cerebral que la mantenía en coma en el Hospital Puerta de Hierro desde hacía dos días. Todos los medios se hicieron eco de la sorpresa que supuso su muerte para la profesión, de su gran figura como actriz y como ser humano y, sobre todo, de su generosidad con los que se iniciaban en el oficio. Personalmente la admiraba, y alguna vez comenté sus trabajos. Recuerdo particularmente uno en la Muralla Árabe, un Jardiel o un Mihura en un verano de Madrid. Desde entonces, la tenía ahí, la veía joven, animosa y cercana, no esperaba que desapareciera tan pronto y tan de repente. Siempre me pareció una gran actriz y, fuera del escenario, una gran persona, sencilla, y accesible. Esto puede sonar a tópico porque muchos lo dirán, pero es cierto. Su dicción era impecable: sin esforzarse se hacía entender con su voz educada, muy femenina, y actuaba moviéndose en el escenario con una naturalidad maravillosa, que, unida a su gran elegancia, hacía que pusiera un sello personal en las obras. Esto también puede parecer un tópico, todos estamos de acuerdo, pero también es la pura verdad. No es de extrañar que Julia Trujillo fuera la preferida de Mihura, el cual, según su propio testimonio, le vaticinó que ella sí viviría del teatro. Y Mihura era Mihura, una máquina para la escena; y a Mihura, lo que es instinto teatral, no le faltaba. La eligió para Ni rico ni pobre sino todo lo contrario, para Melocotón en almíbar, para Tres sombreros de copa. Y ya cuando se realizó para el programa Estudio 1 de TVE Maribel y la extraña familia, ella convirtió la pieza en un éxito antológico de masas por la conjunción en ella de los dos genios: Julia Trujillo y Miguel Mihura. O de tres: También estaba con ellos Juanjo Menéndez, como galán. Ahora que acaba de morir en este agosto caluroso que se extingue con los primeros fríos de las madrugadas, y que aún humea con los rescoldos de Ferias y Festivales, vemos que ella también se ha ido discretamente. Y hay mucha gente que llora su muerte porque se va una de las grandes, sí, pero sobre todo por lo buena persona que era, tan generosa y esforzada por ayudar a los que empezaban. Y el alma de La Casa del Actor, una Fundación que ella luchaba por sacar adelante y concluir así el proyecto fundacional de la misma: Que los actores tengan su casa, un sitio donde se unan la cultura y la protección social.
Todavía el viernes 30 de agosto por la noche, días después de su muerte, al recibir un premio en la Gala de Clausura del Festival de Mérida, una de sus mejores amigas, la actriz Silvia Marsó, se lo dedicaba con emocionadas palabras: “a mi mejor amiga, a la mejor que he tenido nunca”. Se adaptaba a los trabajos camaleónicamente, había destacado a Efe esta misma actriz cuando supo su muerte, y allí mismo, en Mérida, recordaba los éxitos que Trujillo logró en dicho Festival, haciendo papeles como Medea o Lisístrata. Ella era toda sensibilidad y además, “enormemente despistada”. Era la persona que más ayudaba a los que empezábamos. La empecé a tratar y a querer cuando trabajé con ella en 'Ni pobre, ni rico sino todo lo contrario', que fue mi primera obra aquí en Madrid. “Fue tan cariñosa, me ayudó tanto" destaca la actriz. Según Rosana Torres en un artículo-obituario publicado en El País y en Noticias Teatrales que no tiene desperdicio titulado Se apaga el empuje de Julia Trujillo, “ella siempre animaba a los jóvenes actores, con los que mantenía un buen feeling. Para ellos escribió en una ocasión: Ahora que iniciáis vuestra andadura, tomad esta profesión con amor y vivir con intensidad todos los roles. No hay nada más real que la irrealidad de un buen texto representado en el teatro.”
Todos los periódicos destacan la noticia de su muerte y con palabras elogiosas repasan su trayectoria y los éxitos que jalonaron su entrega a la profesión teatral de la que ella decía que era “bendita”. Así la vivía ella, como un don. Pero hay un blog que emociona sobremanera por lo que tiene de íntimo y respetuoso por parte de alguien que la había conocido apenas las pasadas navidades y en el que había dejado honda huella. Este blog es el de J.J. Alfaya y dice así el mismo día de su muerte, martes 27 de agosto de 2013: Julia Trujillo Moya, hija de actores, comenzó a trabajar en el teatro a los diez años en "Mi abuelita la pobre", de Luis Vargas, con la compañía de Malena Algora, y en "Cancionera", de los hermanos Álvarez Quintero, con la compañía de Vicente Soler y Asunción Montijano. Desde entonces, no ha dejado de trabajar hasta prácticamente la víspera de su muerte en la que ella llamaba bendita profesión del teatro. Su libro autobiográfico En la cuerda floja habla, con lamentable brevedad, de su vida y su trabajo, un relato que, además de datos interesantes, nos revela su sencillez, su humor, su alegría de vivir y su dedicación desinteresada a los demás que se concretaría, en sus últimos 20 años, en la lucha incansable por la construcción de La Casa del Actor, una Residencia que ya tienen ciudades como Nueva York, Londres, París, Buenos Aires, Berlín, Shangai, Los Ángeles, Tokio, Pekín y México, pero no Madrid. Yo, Julia, te conocí en las pasadas Navidades y nunca olvidaré los entrañables momentos pasados en compañía de José María Gutiérrez de la Torre, editor y poeta. Ahora, con tu permiso, necesito llorar porque sí, porque me sale del alma, y aunque sé que nos veremos en otras circunstancias que no me puedo imaginar, me cuesta pensar que te hayas ido así, sin avisar, y que la Trufita* se haya quedado sola, sin que nadie le pueda explicar que ya no vas a volver para cuidarla y sacarla a pasear por los soportales de la calle Orense.
*Trufita es la perrita de Julia.
Desde los 10 años. Otros dicen que con 14 años. Ella en sus memorias asegura que empezó con La enamorada del Rey de Valle-Inclán en 1968. En teatro, pero también en televisión y en cine, nunca dejó de trabajar. Y de ayudar a los que empezaban, nada celosa de los jóvenes talentos; y de ocuparse de que La Casa del Actor sea una realidad, cosa que murió sin conseguir.
Fue así, a fuerza de trabajo y entrega, como hizo suyos a Nieva y Valle-Inclán en el Centro Dramático Nacional. Pero también a otros muchos como Pirandello, Gorky, Bertolt Brecht y Galdós, pues, desde muy joven, formó parte de la Compañía Nacional de Teatro María Guerrero, con la que giró por Europa y América durante 10 años. Casi ninguno de los clásicos se le resistió después de que en 1986, formara con Manuel Canseco, que también fue su pareja sentimental, la Compañía Española de Teatro Clásico, y montaran juntos obras de Calderón (La dama duende, casa con dos puertas), Tirso de Molina, Lope de Vega (La discreta enamorada, El perro del hortelano), José Zorrilla (don Juan Tenorio), Eurípides (Medea, las Troyanas) y Aristófanes. Más tarde, como titular del teatro Lara, protagonizó obras de John Murrell, Salom, Paso, Miras, Mihura o Jardiel Poncela (Cuatro corazones con freno y marcha atrás). También, desde 1988, formó parte de las compañías de Gustavo Pérez Puig, Enrique Cornejo, Francisco Nieva, Justo Alonso y Salvador Collado.
Julia Trujillo, que tenía el premio a la mejor Actriz de Habla Hispana de Estados Unidos, entre otros reconocimientos, había trabajado también para cine y televisión. No en vano su rostro fue uno de las más habituales en el popular programa teatral de TVE Estudio 1, y entre 1965 y 1980, llegó a los hogares españoles en cerca de una treintena de obras, como la ya citada Maribel y la extraña familia, de Miguel Mihura o La Discreta Enamorada, de Lope de Vega. "Estaba llena de vida y de planes de futuro", asegura quien declara haber tenido en ella a su mejor amiga, Silvia Marsó. Entre sus últimos trabajos, están Don Juan Tenorio, con Eduardo Vasco; Misericordia, de Galdós y La decente, de Mihura, con Canseco; Nada es lo que parece, con Juan Antonio Quintana, El Tartufo en el Festival de Almagro, así como unos recitales de poesía llamados De Miguel a Miguel, sobre Miguel Hernández, con Manuel GallardoSu última representación fue De par en par, con texto de Indira Páez y dirección de Darío Facal, que se estrenó en el Teatro Fígaro el pasado mes de abril. Según el artículo citado de Rosana Torres, ”Julia Trujillo iba a retomar tras las vacaciones estivales las representaciones de su último trabajo De par en par, versión dramatúrgica de Ileana Simancas, inspirada en los monólogos originales de Mujeres de par en par, de la venezolana Indira Páez, donde Trujillo interpretaba a una madre de las que le enseñaron que el matrimonio era aguante y poco más (...) Al haber estado cuatro años en el Teatro Español con Pérez Puig y Mara Recatero, fue a ésta a quien precisamente “fichó” hace unos meses para que dirigiera El hotelito, de Antonio Gala, una producción de la Fundación Casa del Actor, que se estrenará el próximo 5 de septiembre en el Teatro Fernán-Gómez.” Así ha sido. Y ya preparaba, con Canseco y con Manuel Galiana, nuevos proyectos. Sobre todo, ideaba actuaciones que revitalizaran su plan más querido, el de hacer una realidad La Casa del actor. “Precisamente –sigue Rosana Torres-, para La Casa del Actor, Julia Trujillo estuvo pergeñando con el director Eduardo Vasco un proyecto alrededor de Don Juan Tenorio los pasados meses de junio y julio. Quería no sólo recaudar fondos para La Casa del Actor a fin de revitalizar el proyecto tantas veces frenado por diversas circunstancias, sino también involucrar a numerosos profesionales del teatro y en especial a las nuevas generaciones de actores. Trujillo y Vasco pensaban que La Casa del Actor era un proyecto con el que no estaban involucrados los jóvenes actores, muchos de los cuales desconocen su objetivo fundamental: la construcción de un complejo que combine la dimensión sociocultural y la asistencial cuyo público destinatario son los artistas e intérpretes en general.”
ERA EL ALMA DE LA CASA DEL ACTOR
Para Beatriz Carbajal, Julia Trujillo lo era todo en el proyecto de La Casa del Actor. Ella era el "empuje, la fuerza, el alma de la Casa", destacó Beatriz Carbajal, quien se mostró emocionada por la gran amistad que la unió con ella. "Nos deja muy huérfanos". Ella era la presidenta de la Fundación de la Casa del Actor, un proyecto varias veces aparcado por los gestores pero que ella retomó con toda su energía y que no pudo ver terminado a pesar de los enormes esfuerzos que le dedicó.
De hecho, muchos de los que pasaron por el teatro Reina Victoria para rendirle homenaje han destacado el tesón con el que Trujillo había tratado de que se hiciese realidad ese proyecto. "Me da mucha rabia que se vaya sin que la Casa del Actor esté terminada porque ella era la primera, tenía una energía terrible y una bondad y un amor por esa casa", comentaba Loles León, tras denunciar que los políticos no han "querido" que este proyecto se lleve a cabo. "Se ha ido una gran amiga, una gran actriz y una gran luchadora. Una mujer que quería vivir y una amiga estupenda. Es una gran pérdida", comentaba la actriz María José Afonso sobre Trujillo, una de las protagonistas con Julia Trujillo del programa teatral de TVE "Estudio 1".
"Los actores nunca nos jubilamos y si nos jubilan parece que nos maltratan. Si no trabajas parece que te falta algo, es una profesión donde te da mucha energía y ganas de vivir", ha comentado María José Afonso.
Una vitalidad que siempre le caracterizó, "hasta el último día", "incluso en las etapas más tristes y desgraciadas de su vida", ha asegurado Manuel Canseco, el que fuera su pareja además de compañero de trabajo. De Julia Trujillo se puede destacar su gran sentido del humor, su generosidad, vitalidad, entrega, en esto coinciden todos: Su buen humor nunca se perdía y no se perdió hasta el final, en sus memorias se puede leer: '¿para qué queremos homenajes si nos los dan siempre después de muertos.'" y éste era ese tono irónico, al que muchos aluden y que caracterizaba a la actriz que durante casi dos décadas formó parte de la Compañía Nacional de Teatro María Guerrero. Y precisamente vitalidad parece que no le faltaba a Trujillo que se despidió de la vida, "como ella siempre había querido, sin darse cuenta", destacó Canseco, quien portaba la autobiografía de la actriz En la cuerda floja, compartiendo así muchas de sus reflexiones con los asistentes a la despedida de la artista.
"También ha sido afortunada, ha tenido un adiós rápido y no se ha enterado. Por lo tanto que descanse en paz, que todos vamos a tener que pasar por ese proceso. Estamos de paso", ha destacado la actriz Paca Gabaldón.
La idea de La Casa del Actor -concluyo con Rosana Torres- surge en 1982, al ponerse de manifiesto la precaria situación en la que quedaban muchos profesionales al retirarse de la escena pública, debido al tratamiento que tenían los artistas a los efectos del Régimen Especial de la Seguridad Social y su progresiva equiparación al Régimen General, que no se produce hasta 1999. Trujillo estuvo desde los orígenes en 1989, cuando se creó la Asociación Casa del Actor, y en 1996 la Fundación La Casa del Actor, con un patronato compuesto por ella como presidenta y los actores Beatriz Carvajal, María José Alfonso, María Kosty, Manuel Galiana e Iñaki Miramón, como patronos.”
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Amparo Rivales. catafalco en el Teatro Alcalá una magna de sábado
AMPARO RIVELLES, QUÉ PENA QUE TE TENGAS QUE IR
Amparo Rivelles nació en Madrid el 11 de febrero de 1925 y, ya con 13 años, debuta en la compañía teatral de su madre, la renombrada actriz María Fernanda Ladrón de Guevara. Pero también sus abuelos, Jaime Rivelles y Amparo Guillén, eran actores, y actor era su padre, Rafael Rivelles. Por lo tanto, viene de una familia de actores consagrados y, además, era hermana de Carlos Larrañaga por parte de madre y tía, por tanto, de Amparo Larrañaga y Luis Merlo. No se puede pedir más. Lo cierto es que la actriz Amparo Rivelles llenaba la escena con su presencia, pero sobre todo con su voz, y allá donde ella aparecía, el escenario se iluminaba y se ponía a girar en torno a ella. Una gran dama de la interpretación. En lo personal, esta mujer valiente y luchadora, en una época donde no era fácil ser madre soltera, y mucho menos conseguir buenos papeles siéndolo, llevó a feliz término su maternidad sin que nadie haya sabido nunca el nombre del padre de su hija. Hablo de ella en pasado porque escribo esta semblanza cuando apenas acaba de morir, en noviembre de 2013, un mes inclemente como pocos, y que este año, en Madrid, lo ha sido de manera especialísima.
Por ponerle un poco de humor a lo inevitable humano, contaré cómo Carlos Larrañaga, en una rueda de prensa celebrada en el Hotel Intercontinental de Madrid, una mañana soleada de aquellas en que la crisis aún no asomaba su frío bigote, contó una anécdota referida a su madre. Una anécdota teatral, puesto que teatral era toda la familia. Y decía así Carlos Larrañaga con su característica parsimonia, delante del empresario Enrique Cornejo y los actores que iban a actuar junto a él en el Teatro Reina Victoria: Sobre el éxito que espero alcanzar, recuerdo una cierta vez en que mi madre, María Fernanda Ladrón de Guevara, viéndome afligido porque la función no había ido todo lo bien que esperaba, que todos esperábamos, me llamó a su tocador y me dijo mientras se peinaba alegremente: "hijo mío, en Teatro hay éxitos inenarrables, éxitos incluso indescriptibles, pero el nuestro de hoy ha sido un éxito totalmente descriptible".
Amparo Rivelles ha sido una de las actrices más importantes de las artes escénicas en España y en la América hispana, y por ello fue galardonada en múltiples ocasiones. Así, obtuvo el Premio Nacional de Teatro (1996) por Hay que deshacer la casa, de Sebastián Junyent, que marcó un gran éxito en los escenarios de Madrid, obra por cuya interpretación obtuvo también el Premio Goya a la mejor actriz en la película del mismo título, trabajos ambos -el teatral y el cinematográfico- que desarrolló en 1985 y 1986 respectivamente.
Fue precisamente el éxito de Hay que deshacer la casa, lo que la animó a quedarse definitivamente en España después de más de 20 años en México.
UNA APABULLANTE CARRERA PLAGADA DE PREMIOS, EN CINE Y EN TEATRO
Según el Diario ABC (Día 8/11/2013) ya en 1947 había recibido el premio CEC (Círculo de Escritores Cinematográficos) por La Fe, de Rafael Gil, y por Fuenteovejuna, de Antonio Román, rodada ese mismo año, con Manuel Luna, Carlos Muñoz y Fernando Rey entre otros destacados intérpretes de un elenco magnífico. En 1940, con apenas 15 años, intervino en la película Mari Juana, de Armando Vidal. Su belleza, su buena dicción y las maneras elegantes conquistaron al público de la época, que hizo de ella una verdadera estrella. Un contrato con la Compañía de cine Cifesa le permitió hacer casi una veintena de películas en la década de los 40 con grandes éxitos en taquilla. Y llega Mister Arkadin (1954), de la mano de Orson Welles, y a continuación, su trabajo a las órdenes del argentino Tulio Demicheli en La herida luminosa (1957). Precisamente en 1957 inició su estancia en México que, por felices circunstancias personales y profesionales, se alargó durante veinticuatro años. Y aún antes, apenas empezada la década de los 50, sobresalen dos películas protagonizadas por ella: Alba de América (1951), de Juan de Orduña, y El indiano (1954), dirigida e interpretada por el mexicano Fernando Soler. Su primera película en México fue El esqueleto de la señora Morales (1959) una comedia de humor negro escrita por Luis Alcoriza y dirigida por Rogelio A. González. Dicho título inaugura una generosa filmografía entre las que destacan los melodramas familiares como Los novios de mis hijas (1964), El día de las madres (1968) y El juicio de los hijos (1970). También intervino en numerosas teleseries como Pecado mortal (1960) Pensión de mujeres (1960) y Pasiones encendidas (1978) y producciones de aire español como La casa de Bernarda Alba (1980), escrita por Luis Alcoriza y dirigida por Rogelio A. González.
ÉXITOS TELEVISIVOS YA DE VUELTA EN ESPAÑA
Para su definitivo retorno a España, al menos en lo profesional, influyó también el éxito de la serie televisiva Los gozos y las sombras (1981), basada en la novela de Gonzalo Torrente Ballester, donde su hermano Carlos Larrañaga tenía el papel principal, y La Regenta.
PASIÓN POR EL TEATRO
Ésta es la nómina que suministra Wikipedia: La duda, versión de El abuelo, de Benito Pérez Galdós (2006). La brisa de la vida, de David Hare, con dirección de Lluís Pasqual (2004). Paseando a Miss Daisy, de Alfred Uhry (2001). Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona (1999). Los padres terribles, de Jean Cocteau, adaptada por Rodolf Sirera y dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente (1995-97). El canto de los cisnes, adaptada por Rodolf Sirera y dirigida por J. C. Pérez de la Fuente (1993-94). El abanico de Lady Windermere... o la importancia de llamarse Wilde, versión de Ana Diosdado de la obra de Oscar Wilde, con dirección de J. C. Pérez de la Fuente (1992-93). Rosas de otoño, de Jacinto Benavente, con dirección de José Luis Alonso (1990). La loca de Chaillot, de Jean Giraudoux, con dirección de José Luis Alonso (1989). La Celestina, de Fernando de Rojas, con dirección de Adolfo Marsillach (1988). Hay que deshacer la casa, de Sebastián Junyent (1985). El caso de la mujer asesinadita, de Miguel Mihura y Álvaro de Laiglesia, con dirección de Gustavo Pérez Puig (1983). El hombre del atardecer, de Santiago Moncada, con dirección de Mara Recatero (1981). La voz humana, de Jean Cocteau (1981). Salvar a los delfines, de Santiago Moncada (1979). Anillos para una dama, de Antonio Gala. Requiebro, de Antonio Quintero (1954). Una mujer cualquiera, de Miguel Mihura, con dirección de Luis Escobar (1953). Huis Clos (A puerta cerrada), de Jean-Paul Sartre, con dirección de Luis Escobar (1947). A las seis en la esquina del bulevar, de Enrique Jardiel Poncela (1946). El amor del gato y del perro, de Enrique Jardiel Poncela (1945). Don Juan Tenorio, de José Zorrilla (1945). Campo de armiño, de Jacinto Benavente (1945). La madre guapa, de Adolfo Torrado (1939).
Después de tan exitosa carrera en que simultaneaba alternándolos cine y teatro, y a en la primera década del siglo XXI, Amparo Rivelles centró sus esfuerzos en el teatro obteniendo el 19 de abril del 2004 el IX Premio Nacional Pepe Isbert a toda una carrera. Otros premios recibidos fueron el Miguel Mihura, el ACE (Nueva York), el Lope de Vega, el Premio Ercilla 2003, la Medalla de Oro al mérito Círculo de Escritores Cinematográficos (2006), el Mayte de Teatro por Los padres terribles (1995). En 2003 triunfaba de lleno en el Teatro La Latina de Madrid con Paseando a Miss Daisy. Otros nombramientos dignos de mención han sido el de Doctora Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia (2005), así como la Estrella en el Paseo de la Fama de Madrid (2011). Pero hasta el último día recibió homenajes y recuerdos, como el Premio Quearte-Artes escénicas 2012.
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